¿CÓMO FUE EL PRIMER CONTACTO DE CRSTÓBAL COLÓN CON AMÉRICA?

CURIOSIDADES¿CÓMO FUE EL PRIMER CONTACTO DE CRSTÓBAL COLÓN CON AMÉRICA?

Tomado de MUY Interesante

La Habana.- Los marineros llevaban varios días nerviosos. Algunos pedían regresar con la esperanza de sobrevivir de vuelta a todo el trayecto que habían recorrido ya por el Atlántico. Otros, enfadados, directamente lo exigían. Todos ellos temían por sus vidas. Corrían los primeros días del mes de octubre de 1492. Tres barcos capitaneados por Cristóbal Colón habían zarpado el 3 de agosto del puerto de Palos de la Frontera, en Huelva. Navegaban hacia el oeste con el objetivo de encontrar una ruta alternativa hacia las especias. Dos meses de travesía y no había más que agua en el horizonte. El miedo a morir solo se disipó con el avistamiento de una bandada de pájaros. La noche del 11 al 12 de octubre de 1492, se oyó gritar desde uno de los barcos: ¡Tierra! No podían ni imaginar aquellos marineros a dónde estaban llegando y cómo su viaje cambió la historia del mundo.

Mapa con las rutas seguidas por Colón en sus cuatro viajes a América

Mapa con las rutas seguidas por Colón en sus cuatro viajes a AméricaPhirosiberia / Wikimedia

El primer contacto con tierra americana

Aquel momento histórico, la llegada de la Santa María, la Niña y la Pinta a la isla de Guanahani, rebautizada como San Salvador, es el que conocemos como el Descubrimiento de América, el encuentro entre dos mundos. Aunque Colón y su tripulación pensaban que habían arribado a Japón o la India, unos años más tarde se comprobó que no solo eran islas previas a la India, sino que allí había tierra firme y que se trataba de un continente nuevo. Pero resulta curioso conocer cómo fue la llegada a América según los protagonistas que vivieron el momento. Para ello, entre otras fuentes, tenemos el Diario de a bordo de Colón, que, según los investigadores, se trata de un resumen del cuaderno de bitácora de Colón a manos del fraile Bartolomé de las Casas. Resulta una lectura apasionante. En el texto correspondiente al jueves 11 de octubre de 1492 se puede leer:

«A las dos horas después de media noche pareció la tierra de la cual estarían dos leguas. Amañaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní. Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda el armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito».

Grabado que recrea la vida de un poblado nativo caribeño

Grabado que recrea la vida de un poblado nativo caribeñoWikimedia

El primer contacto con los nativos

Claro está que uno de los mayores impactos debió ser encontrar a otros humanos allí y comprobar un estilo de vida tan distinto al que se conocía en la Europa del momento. A este primer encuentro entre europeos y nativos americanos podemos asistir a través de las palabras del propio diario, donde se recogen las impresiones del momento:

“Luego se ajuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias. «Yo -dice él-, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estábamos, nadando, y nos traían papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos sólo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro: sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pez, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hice señas qué era aquello, y ellos me mostraron cómo allí venían gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos; que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos, en esta isla.» Todas son palabras del Almirante”.

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