NOS HACE FALTA UN CARLOS MANUEL

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Por Oscar Durán

La Habana.- Siglo y medio después, Carlos Manuel Perfecto del Carmen Céspedes y López del Castillo nos hace mucha falta. Desde el 1 de enero de 1959 no ha existido un tipo como Carlos Manuel, un líder que nos diga: vamos, carajo, a derrotar al tirano. 

El 11 de Julio de 2021 nos acercamos un poco a esa gesta de hace 155 años, pero nos quedamos cortos, muy cortos. Sin embargo, demostramos que sí se puede, más allá de todas las injusticias vividas posterior a la fecha.

Cuando digo nos hace falta otro 10 de octubre, no estoy hablando de salir a la calle con machetes y palos a matar comunistas. No. Es organizarnos como pueblo, demostrar el descontento generalizado y plantarle cara a la dictadura. Como mismo San Antonio de los Baños nos dio el impulso para que el país prendiera, necesitamos ejemplos como esos, pero con un Céspedes guiándonos.

Es duro seguir en esta miseria, mirando hacia la nada misma y preguntándonos cuál será nuestro destino, mientras hay una cúpula riéndose de nosotros y destrozando a millones de inocentes. Ese espíritu mambí debemos sacarlo de adentro de una vez por todas y decirle al miedo hasta aquí llegamos. Ahora toca luchar por la libertad.

Somos unos peces aburridos encerrados en un estanque chiquito donde el dueño nos da comida cuando quiere. Las familias haciendo de todo para llevar un plato a la mesa. Muchos se van sin un pasaje de retorno. Otros mueren en el intento por querer tener libertad en un país ajeno. Estamos presos y lo peor de todo es que lo sabemos, mientras el castrismo sigue derrochando todo nuestro esfuerzo conseguido. 

Si Carlos Manuel viviera, no aguantaría eso. Hace rato hubiera plantado cuerpo y alma. A veces la vida se trata de eso, de arriesgar, si fuera necesario, la vida. Miren a José Daniel Ferrer, Luis Manuel Otero, Maykel Osorbo, Luis Robles, los hermanos Perdomo y muchísimos más. Están presos, sufriendo, pero gozan de algo que tú ni yo tenemos: son libres de pensamiento. No tienen miedo y ya forman parte de la historia del país.

Así Céspedes no puede estar orgullosos de sus compatriotas. Él, con par de esclavos, desafió una metrópoli, ¿cómo nosotros no vamos a desafiar a cuatro viejos arrugados y cinco barrigones descarados?

Es ahora, cubanos. Es nuestro momento. La dictadura está sola, acorralada. No le demos vida a un moribundo. Vamos para 65 años en las mismas o peor. Nosotros sí no estamos solos como ellos, somos millones y todo el mundo nos apoya.

Demostremos el Maceo, Quintín Banderas y el Gómez que llevamos dentro. Que suenen las campanas en La Demajagua y Céspedes sea nuestro impulso y guía. El precio de la libertad cuesta caro, pero vale la pena luchar por ella.