ENCUENTRO DE PATRIMONIO CAFETALERO EN UN PAÍS SIN CAFÉ

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Por Anette Espinosa
La Habana.- Este jueves y mañana sesionará en el Centro Histórico de La Habana el II Encuentro Cultural Cafetalero, organizado por la Dirección de Patrimonio Cultural de la oficina del Historiador de la Ciudad. Dicho así, parece una idea genial de aquellos que controlan el movimiento de las divisas en la parte antigua de la capital, a través del grupo GAESA. Pero hay más.
El evento está dedicado al 275 aniversario de la introducción del café en Cuba, justo en tiempos en que el referido grano, incluso sus mezclas más baratas, han desaparecido de la isla. El Hola, la mezcla infame que llegaba a la bodega cada mes, a razón de unas onzas por consumidor, aderezado con maíz o chícharo, hace tres meses que desapareció. Y el de las tiendas en divisas tiene un precio el kilogramo superior al de una jubilación de un profesor universitario.
En esa situación, cuando las redes se han llenado de memes por la escasez manifiesta del café, se aparece la Oficina del Historiador, a través de la Dirección de Patrimonio Cultural, y organiza un encuentro, nada más y nada menos que sobre el tema, en otra burla burda más a los cubanos de a pie, al infeliz que no puede hacer ni una colada al día, porque no tiene cómo.
No es que sean descarados los que dirigen el país. No. Esa no es la palabra. Es solo que han perdido la perspectiva de la situación. A ellos no les falta el buen café. Tienen el que quieran: el mejor de los que se cosecha en Cuba: Serrano, Montuno, Cubita o Caracolillo. Y sin costarles absolutamente nada, sin presiones porque les falte, porque nunca va a ocurrir.
Pero igual, si prefieren Bustelo, La Llave o Pilón, se lo traen de Estados Unidos, de Brasil, o de donde sea. El que no puede tomar café es el cubano de a pie. El mismo que no tiene acceso a la carne, al huevo, al arroz, a una vivienda confortable, a un medio de transporte, a una clínica donde tratarse la dentadura que amenaza con caérsele, porque no hay insumos. O que se muere en espera de un turno en un hospital para un tratamiento oncológico.
No toman café los padres de los niños que no tienen zapatos para las escuelas, ni libros, ni pupitres donde sentarse, y casi no tienen maestros o profesores, porque el que pusieron frente al aula es un improvisado, porque el profesor bueno decidió exiliarse en Estados Unidos en busca de una vida mejor para él y la familia que se llevó contigo, y la que dejó atrás.
En esas circunstancias se celebra el Encuentro de Patrimonio Cultural Cafetalero, una burla tan grande al pueblo como el festival gastronómico «varadero Gourmet», cuya organizadora principal es la no primera dama, Lis Cuesta.
Cuba y los cubanos tienen que tomar notas de todo esto, para el día de las cuentas. Basta de burlas a un pueblo que no se merece a los dirigentes que ha tenido durante 65 años y que han convertido al país en uno de los más pobres del mundo.
El café llegó a Cuba en 1748, de la mano de José Antonio Gelabert y Gálvez y las primeras plantaciones importantes se desarrollaron en los alrededores de La Habana, aunque luego se hicieron tradicionales en algunas zonas montañosas del país.