SOBREVIVIR EN TAPACHULA ENTRE MOLOTES, COLAS Y HACINAMIENTO

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Texto e Imágenes de El Vigía de Cuba

Tapachula, Chiapas,- Indira y Abel llevan un tiempo casados y tuvieron suerte de encontrarse con Yandier en la travesía de la llamada Ruta de los Volcanes.

Al igual que casi todos los cubanos en travesía, el viaje fluyó hasta que quedaron varados en Tapachula. El instinto les dijo que era mejor esperar en el lugar y no aventurarse a seguir camino porque a varios compatriotas los han regresado a Cuba debido a no contar con salvoconductos para transitar por México. Otros han desaparecido en secuestros para extorsionar a sus familiares con rescates previa suma que acuerdan. Algunos no salen vivos y no se sabe la cantidad porque nadie denuncia esas atrocidades. Menos las autoridades mexicanas se molestan en, al menos, contabilizar estadísticas.

Esperar en Tapachula a que el Parole Humanitario se haga efectivo es un saco de sorpresas. Igual ocurre con la aplicación de la CBP1 que debe solicitarse a través del celular, usando un VPN de pago para que Inmigración norteamericana la acepte ya que solo es posible  si y solo si , estén en frontera o en el centro de México.

La suerte de ser aceptado es variable y  puede ocurrir en 16 días o extenderse muchísimo más.

Indira y su esposo llevan ya dos meses en la Renta y el dinero se les ha esfumado en un pestañeo. Como la mayoría de los que están en este éxodo, vendieron todo en Cuba para poder salir. El miedo de que los devuelvan a la isla es como una espina clavada en lo hondo del alma porque les aterra la idea de regresar a la patria para vivir en la calle.

La familia de Lakeland, un pequeño pueblo en el centro de Florida,  ha mandado lo que ha podido vía Remitly pero tampoco es fácil para ellos enviar cada semana las cantidades requeridas para que el matrimonio sobreviva. En esa localidad el trabajo no es abundante y la mayoría de los residentes a penas ganan 11 dólares la hora. Pudieron enviarle unos 50 dolares la primera vez pero ya les dijeron que la cosa esta mala y no podrán hasta de aquí a dos semanas.

Las colas en los centros de inmigración y Banco Azteca no paran y hay que marcar a veces con dos días de antelación para poder acceder a los servicios

Estados Unidos atraviesa una inflación severa y los dólares no rinden. Al menos siete de cada 10 residentes en EEUU está viviendo de tarjetas de crédito que están endeudando cada vez más a la población. Esa es una de las razones que están impidiendo mantener envíos regulares a los familiares atascados en Tapachula donde para sobrevivir una semana es necesario unos 1200 pesos mexicanos que es el salario promedio en esa localidad chiapaneca. Los envíos solo ocurren cuando los mensajes de desespero son mayoritarios. Y no siempre son suficientes. Con esa cantidad al menos pueden ppagar el alojamiento, comorar algo de comida y productos como el jabón y recargar sus celulares para poder contar con datos suficientes para comunicarse. Quien no tiene ese apoyo, sencillamente tiene la calle por opción de sobrevivencia, orinar o lavarse sus partes en los baños de la Terminal de Omnibus de Corto Recorrido de la ciudad y hacer una cola para un desayuno en el Centro Diosesano Belén de Asistencia.

Banco Azteca es el único que acepta el envio de dinero desde USA a migrantes con pasaporte foráneo. A la hora de abrir los molotes son una constante y en ocaciones la gerencia decide cerrar el local hasta que llegue la policía del lugar.

Asi que Indira y Abel agradecen Dios haber conocido a Yandier y acordar vivir en el mismo cuarto. Al menos el tío trailero si ha podido hacer envíos de dinero cada semana y, de perdida, tener con que comer y comprar jabón, tampones menstruales, detergente y algún que otro utensilio de uso para cocinar. Entre los tres comparten tareas necesarias en la Renta. Desde cuidarse las espaldas hasta turnarse en las infernales colas que desde la noche anterior hay que hacer para ser atendidos en cualquier trámite migratorio y hasta en el propio banco Azteca donde los cubanos tienen la suerte de recibir dinero desde EE.UU.

Indira se ocupa de cocinar cuando pueden ir de compras. Tampoco es cocinar cuando tienen hambre. Primero hay que sacar turno para poder compartir la improvisada cocina con los otros 17 cubanos en la estancia. Por suerte, el grupo está integrado por personas decentes y las discusiones no son las acostumbradas en los molotes que experimentan bien en el banco o bien en los mercados o las oficinas migratorias donde primero reciben el permiso de estancia en Tapachula y luego tienen que volver al menos dos veces más: una para obtener un turno de atención y la otra finalmente para obtener el permiso de tránsito por México.

La cocina comunal para dos decenas de cubanos carece de higiene y es una puerta abierta a enfermedades diarréicas de los residentes en la llamada Renta

Vivir en la Renta es realmente un suplicio. Hacinamiento, suciedad, estética horrible y escasez la hacen similar a los solares de La Habana Vieja.
– Es como un dejá vú- dice Indira. Pero la diferencia está en que estamos en un país diferente donde las circunstancias siempre están en contra nuestra. Los baños son deprimentes y por más que limpies la “costra de churre” no se quita. Aquí lavarse el bollo es un problema. Da tremendo asco pero hay que seguir palante. Y de la conina ni hablar, las cucarachas, los bichos y la sucuedad a veces no dan ganas ni de comer pero cuando hay hambre no nos queda mas remedio.

Baños improvisados en cada habitación carecen de agua y la suciedad es visible. El espacio del toilet y la pared a penas permite sentarse para defecar apropiadamente.

La estancia donde viven era un taller mecánico cuyo dueño lo transformó para habilitar unos 6 cuartos improvisados con baños independientes sin privacidad y solo con una ducha y un toilet sin apenas espacio para sentarse. Yandier y el esposo de Indira salen al pasillo para que ella pueda bañarse a solas. Lo mismo ocurre cuando ellos deben ir a hacer sus necesidades fisiológicas.
– Es como estar presos o como estar en una granja/ prisión de Cuba, afirma Yandier. En la mañana resolver lo que se pueda y en la tarde recogerse debido a los palos de agua, los mosquitos y la inseguridad de la ciudad, literalmente infectada de inmigrantes.

Las llamadas renta solo cuentan con una cisterna de agua en tan malas condiciones que están llenas de insectos y ranas. Con esta agua los inquilinos cubanos tienen que cocinar, lavar y usarla para el aseo previo herbor en la cocina

Por lo menos ellos tienen esa posibilidad. El canal 13 de Tapachula ha estado reportando la avalancha de migrantes en tránsito que quedan varados en la ciudad en espera o bien del salvoconducto o de la cita vía electrónica del CBP1. Muy pocos cuentan con el apoyo de la familia. Algunos pueden darse el lujo de pagar 300 dólares por un cuarto como el de Yandier y sus compañeros pero son muy pocos los que navegan con esa suerte. El resto duerme en la calle o en los parqueos aledaños al Banco Azteca o las oficinas de Inmigración y otros lugares públicos bajo las quejas de los tapachulanos . La mayoría viven de migajas guardando turno en las colas para los que tienen la suerte de dormir en las estancias y que tuvieron la fortuna del Parol o la CBP1.

 

Indira y su esposo comienzan a desesperarse por la prolongación de la estancia. Día a día comprueban si han sido seleccionados  en la aplicación que Yandier puso de manera colectiva porque es más fácil ser llamados en grupos y no de manera individual. Y fue aceptada la solicitud electrónica porque desde Estados Unidos pudo pagársele la Aplicación que utilizaron para que Inmigración no detectase que están en Tapachula. Los que no pueden tienen que pagar 2000 pesos mexicanos a varios lugareños que tienen ese negocio porque Inmigración americana exige que los aplicantes estén desde el Centro de México hacia la frontera.

Indira, frustrada, está esperando a los muchachos que regresen con los víveres para hacer espaguetis con salchichas y acompañarlo con una Coca-Cola de litro. No siempre encuentran los productos a la hora que van porque los estantes comienzan a vaciarse ante la creciente demanda.

Carmen, una empleada de Piticó, un mercado con buenos precios donde ellos van de compras, dice que jamás había visto tanto migrante comprando en la tienda. Son tantos que hemos tenido que solicitar más productos sobre todo que comen los cubanos y venezolanos. Pero, afirma en tono bajo, estamos muy disgustados por los pésimos modales que traen. No respetan las filas (cola) , nos ofenden cuando les decimos algo y nos llaman indios. No es justo.

La creciente oleada de migrantes caribeños en la localidad es ya una avalancha humana según reportan los medios locales. Las colas son cada vez mayores y cada vez más violentas. Las imágenes de la televisión  local y los periodistas no pueden ser más elocuentes. Esas actitudes están destapando en la región un profundo sentimiento xenófobo y varias organizaciones están pidiendo al gobierno del estado y al de México que envíe la guardia nacional para controlar estas actitudes.

Es mediodía con un calor de infierno y los truenos cada vez más fuertes indican que la lluvia torrencial está por llegar. Literalmente son palos de agua en Tapachula. Siempre. Cada tarde.

Los muchachos llegan y Yandier recibe un email y empieza a saltar de euforia
– cojones…. Nos aceptaron la CBP1.

Indira se alegra mucho pero inmediatamente su rostro se pone rígido. Se da cuenta que no cuentan con el dinero para los pasajes de avión. La familia no da muestras de apoyo. Ahora no podemos, le textean. Si no compran el pasaje al menos un día antes de la entrevista en la frontera de Ciudad Juárez, todo estará perdido porque ya no podrán solicitarla nuevamente. En ese instante Indira rompe en llanto y es literalmete cuando la felicidad apenas le duró un minuto.

( Continuará)