LA RUTA DE LOS VOLCANES, LA DESINFORMACIÓN DEL MIGRANTE Y LA AYUDA DEL EXILIO

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Texto y Fotos de El Vigía de Cuba

Tapachula, Chiapas.- Es Viernes de madrugada y como ha venido sucediendo desde hace un mes y 15 días, el emigrado cubano Yadier Matías sale de la “Renta” hasta la sucursal más cercana de Banco Azteca en Tapachula. Su tío Cándido le notificó que acaba de enviarle el dinero semanal para que sobreviva.

Cándido es un trailero nativo de La Habana radicado en Texas y desde que el sobrino emprendió la llamada travesía de los volcanes, ha tenido que duplicar sus horas extras de trabajo para asumir el compromiso de ayudarlo sin afectar el presupuesto familiar apretadísimo ahoora por el tratamiento médico de su hija.

Cándido vive prácticamente en su camión. Le ha depositado a Yadier, por undécima vez, los habituales 120 dólares semanales para que pueda cubrir su sustento y la famosa Renta, una especie de solar de mala muerte donde viejas edificaciones comerciales o azoteas de casas en barrios pobres tapachultecos se han modificado rústicamente para llenarlas de habitáculos que, por 300 dólares mensuales, sirven de alojamiento a los cubanos que tienen la suerte de contar con dinero para pagar ese “luijto” mientras esperan bien el Parole Humanitario o la modalidad CBP1.

Como casi todos los cubanos que se han lanzado a esta caravana migratoria, Yadier vendió a precio de remate todo lo que tenía en Cuba para emprender viaje. Pidió 2000 dólares prestados y con lo que obtuvo de la venta de sus artículos personales y un apartamento en Moa, Holguín, inició el largo viaje como migrante donde en cada kilómetro recorrido los dólares acumulados se evaporaron como agua en el desierto. Si no contara con la ayuda de su familiar estadounidense, hubiera tenido que salir a pedir trabajo pero bajo condiciones prácticamente de esclavitud en las que te pueden dejar de pagar una semana y la otra también.

Cuando Nicaragua eliminó el visado a los cubanos, estos modificaron la ruta mortal del Darién panameño para asumir la ahora llamada Vía de los Volcanes, una especie de libre tránsito desde Managua hasta Honduras, donde deben esperar a la noche para atravesar Guatemala y llegar a Tapachula, primer puerto de entrada mexicano en el estado de Chiapas.

Es precisamente en ese punto donde el 90 por ciento de los cubanos en tránsito comprenden como la travesía que parecía fácil y rápida, muestra la verdadera cara trágica de la inmigración desordenada e ilegal.

Ni la frontera americana está abierta, ni el famoso Parole Humanitario les permite volar libremente hasta la ciudad de destino en Estados Unidos.
Tampoco la CBP One, una especie de entrevista que los migrantes en suelo mexicano solicitan mediante una aplicación de celulares, suele ser rápida. Más bien generan una ansiedad extrema porque el Departamento de Inmigración emite diariamente unas 100 solicitudes, de las cuales 50 son escogidas al azar y el resto por el orden de la lista.

Yadier ha estado varado dos meses en la renta de Tapachula. Una población flotante de 4 mil cubanos más andan en la misma situación. En la lista de CBP, su número comienza por 105, seguido de cuatro guarismos más. Una mezcla de alegría y frustración lo invade cuando ve a algún cubano que con numeración más alta, “corona” porque cae en esa cuota de selección al azar. Al menos ese día hay comida decente y cervezas porque el “coronado” invita a celebrar tanta suerte.

Con el joven holguinero hay en condiciones de hacinamiento una veintena de paisanos más. Tienen la suerte de poder pagar esos cuartos improvisados con baños forzados en las habitaciones y una cocina comunal para todos, donde casi nunca se enciende el fogón porque el dinero solo puede gastarse en galletas, pan, salchichas, mantequilla y café instantáneo con sabor a rayo encendido.

“Es una especie de cárcel”, le cuenta a su tío. En la mañana debemos resolver todos los trámites. Desde sacar dinero hasta ir a un negocio cercano para comprar los productos de primera necesidad. En ese lugar valen el doble con respecto al Mercado Central, pero este último es más lejano y peligroso.

Terminal de Autobuses Tapachula. Migrantes aglomeran las instalaciones para usar el baño y los bancos para dormir

En la tarde, la lluvia diaria de Tapachula es el indicador para recogerse porque la ciudad es peligrosa, con alto índice de violencia protagonizada por haitianos, centroamericanos y venezolanos que no tienen por lo general el mismo apoyo monetario de los cubanos. Los cárteles del narcotráfico también merodean las zonas de estas rentas y son como cazadores humanos para secuestrar y pedir rescate a los familiares en Estados Unidos.

La mayoría de los inmigrantes no tienen la suerte de Yadier, quien se lanzó a la aventura siguiendo a su novia, una de las afortunadas que solo duró 16 días en México porque fue seleccionada al azar para el Parole. Pero el joven novio no ha tenido la misma suerte

Esta nueva Ruta de los Volcanes vía Managua, Nicaragua, está organizada de tal modo que parece como si fuera una empresa legal de turismo. Cuenta con guías para el trayecto que públicamente hacen su trabajo sin esconderse de las autoridades como hace unos años atras.

Sin embargo, al llegar al puerto de entrada mexicano, la historia cambia radicalmente y da un giro dramático: el panorama crítico que casi nunca se les informa debidamente a los cubanos de la isla, casi siempre en franco desespero por irse del país.

Centro Diosesano Belén

En Tapachula hay un número considerable de inmigrantes sin dinero. Dicen que unos 4mil entre cubanos, venezolanos y haitianos que a modo de gangas siempore andan buscando problemas unos y otros. Están por toda la ciudad irados a su suerte  en las estaciones de autobuses y el Centro Diosesano Belén donde al menos les brindan un desayuno y algo de ropas en mal estado.   Para sobrevivir, no les queda otro recurso que robar, asaltar a quienes salen de Banco Azteca o los cajeros del OXXO. También arrebatan celulares a los desprevenidos porque es el único modo de poder solicitar la CBP One a través de un VPN, o comprobar el estatus personal del Parole humanitario. Quien tiene un móvil es realmente alguien afortunado en medio de tanta desgracia. Los cubanos ya lo saben y salen en grupos para evitar sustos de ese tipo.

Las torrenciales lluvias siempre aplacan el calor asfixiante. Empapan a los pobres inmigrantes quienes deambulan por la ciudad o pernoctan tambien a la intemperie en las sucursales de inmigración, abiertas en la ciudad para poder otorgar salvoconductos a los recién llegados.

Basureros dejados en Centro Comercial tras desalojar migrantes cubanos y haitianos

Es una lluvia como los aguaceros de Cuba. Densos, frescos, llenos de truenos y relámpagos. Cuando cesa, todo se convierte en un infierno: enjambres de mosquitos y humedad intolerante, mitigada en cada cuarto de las Rentas ( quien pueda pagarla) con ventiladores plásticos que poco ayudan porque hay varios durmiendo en el piso y no les llega el aire.

Yadier soporta el encierro vespertino porque se la pasa hablando con su novia y su tío, este último, su mejor apoyo psicológico en estos momentos difíciles. Ha pasado de todo y su suerte no ha sido como la de su pareja. Eso sí, el muchacho ha madurado. Entendió que en Estados Unidos el dinero no se cosecha en árboles frutales. Que los amigos con cadenas enchapadas en oro, en carros de renta y hablando de lo próspero que son en el lado americano, no lo pueden ayudar porque la apariencia es una cosa y la realidad económica en un Estados Unidos sacudido por una inflación galopante, es otra.

El estrés siempre sale a flote pese a la “psicoterapia”. Sin embargo, una mañana, después de haber perdido el sueño debido a la frustración y las ideas atormentantes, le llegó una notificación de Inmigración norteamericana para informarle que su solicitud había sido aprobada.

Saltó de alegría, agredeció a Dios y le dió la buena noticia a su novia. Creyó que ya todo había terminado, pero la realidad fue otra. A partir de esa noticia, las cosas se han complicado un poco más. ( Continuará)

(Con Ayuda de Canal 13 Tapachula)