TAPACHULA ES PEOR PARA MIGRANTES CUBANOS SIN FAMILIARES EN ESTADOS UNIDOS

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Texto y fotos: El Vigía de Cuba
Tapachula, Chiapas.- Emigrar es, ante todo, un acto personal. En estos últimos años, hacerlo desde Cuba hacia Estados Unidos es un verdadero infierno. Una mezcla de engaños, desinformación, esclavitud, hacinamiento y, sobre todo, mucha desesperanza para casi el 90 por ciento de los cubanos que salen vía Nicaragua y recorren Honduras, Guatemala y llegan a México. Una vez en tierras aztecas, las personas creen que la nueva modalidad del Parole Humanitario, decretado por la Administración Biden, y la llamada CBP 1, hace más fácil la trayectoria de más de 3726.2 millas desde Managua hasta la frontera mexicana con el territorio norteamericano.

La realidad es todo lo contrario. Y es mucho peor para el cubano que vendió lo que pudo para el viaje pero no tiene familiares en Estados Unidos ni amigos que puedan enviarle dinero para subsistir.

La fluidez del viaje es más o menos tolerable hasta Tapachula, estado de Chiapas. Es allí donde nuestros compatriotas caen estrepitosamente desde las nubes al piso y comienzan un largo y tortuoso compás de espera. Atascados entre churre, violencia, incertidumbre y miles de buitres humanos sin escrúpulos, aprovechándose de la falta de información dentro de la isla.

El migrante cubano sale con destino a Managua con la misma esperanza de quien va a vivir una aventura paradisíaca. Les han contado mal la historia. Que si la frontera está abierta, que si lo del Parole es rápido. Nada es así. Para colmo, los que alcanzan el sueño americano prefieren postear en las redes su cruce triunfal en vez de advertir el infierno vivido, casi siempre costeado por los familiares y amigos con residencia en el extranjero.

El 90 por ciento de los inmigrantes que llegan a Tapachula, despiertan de un sueño apacible para vivir una pesadilla. Después de acumular entre cinco mil o 10 mil dólares, que creen suficiente para llegar, se topan con la realidad frustrante cuando “aterrizan” en el estado más pobre de México, donde el 41 por ciento de su población vive en la pobreza absoluta, según datos oficiales del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Local (CONEVAL).

En Tapachula, un inmigrante sin permiso de trabajo no sobrevive por mucho tiempo. No hay industrias, ni movimiento mercantil fuerte que permita la contratación mayoritaria de indocumentados. Las áreas pobres donde se concentran los migrantes están llenas de pequeños negocios locales que apenas pueden pagarle los salarios a los mexicanos.

Los cubanos salen desesperados a buscar empleo cuando se les acaba el dinero. Muchos piden trabajo en cocinas, restaurantes de mala muerte , almacenes de estiba o talleres de herrería y mecánica de pequeña escala familiar. Algunos corren la suerte de resolver algo por un pago de unos 1200 pesos mexicanos cada dos semanas pero que jamás se cumple en tiempo. Si protestan, el dueño los amenaza con llamar al Instituto de Migración.

Yadira Salazar, una maestra de secundaria de Holguín, lleva más de cuatro meses varada, con su hija de 12 años, en una residencia improvisada de Tapachula. Le permitieron dormir en un cuarto por el que un matrimonio amigo de su familia paga 300 dólares mensuales que le envían desde Miami. Pero durante varios, días ella y su hija tuvieron que dormir y usar el baño de la Terminal de Autobuses de Corto Recorrido, donde la aglomeración de cubanos, haitianos y venezolanos han convertido al lugar en una especie de campamento forzado lleno de basura, excretas, mosquitos y ratas.

Yadira, por lo menos, ahora duerme sobre una colchoneta en el improvisado cuarto de la Renta. Para compensar se dedica a cocinar y lavar la ropa de algunos inquilinos, y en la tarde ayuda en una Taquería familiar a cambio de alguna comida sobrante que se lleva para el desayuno y algo de ropa usada o toallas sanitarias tan necesarias cuando cae la menstruación. Le pusieron el Parole Humanitario en junio pasado y aún no recibe la aprobación. Quien le hizo el favor, cobró dos mil dólares por ella y su hija, pero solo por ponerlo. A veces tiene que rogar para que le informen si ha sido aprobada o no. La respuesta hasta ahora no es la que ella espera.

Yadira no es la única en esa situación. Según un funcionario del Instituto de Migración de Tapachula que accedió a hablar con El Vigía de Cuba, pero pidió anonimato, están procesando unos 30 mil cubanos, como promedio, cada 10 días hábiles en las últimas semanas y en diferentes puntos dentro del estado de Chiapas. Diariamente unos cuatro mil migrantes están siendo atendidos por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, COMAR.

“Son tantas las personas, que debemos indicarles hacer filas interminables para poder agendarles una cita y darles un turno a razón de extenderles el permiso temporal de estancia en Tapachula u otorgarles el salvoconducto, para que lleguen a la frontera con Estados Unidos sin peligro de deportación” .

México estaba cumpliendo, asegura el funcionario, pero, debido a las demoras del proceso de entrada a territorio norteamericano, el crecimiento de la población flotante en Tapachula es insostenible y ya se ordenó desde el gobierno mexicano suspender los permisos de vuelo.

Los cubanos que se fueron por su cuenta y que no tienen familiares que los ayuden deambulan en la ciudad de un lado a otro. En las inmediaciones del Instituto de Migración duermen en el parqueo y hasta venden turnos a los que están en las Rentas para sobrevivir  o garantizar una comida caliente. En los estacionamientos de autos del lugar, negocios locales y las afueras del Banco Azteca donde se reciben las remesas, el olor a orina y heces fecales es asfixiante e insoportable.

Ahí mismo te puedes topar un compatriota, viviendo en esas condiciones sin tener idea de cuándo podrá seguir el camino hacia el sueño americano. Muchas veces, es justo destacar, reciben ayuda de los lugareños y organizaciones religiosas. Les llevan capas, mantas de nylon y alguna comida fuerte a base de frijoles sin sazón, tortillas de maíz y huevos revueltos.

Así pasan los días. En espera del milagro o de la aprobación del Parole o la CBP, permanecen en esas condiciones. Tienen cada centavo contado para llegar a la frontera. A muchos se les acaba el dinero y no pueden contar con nadie porque la mayoría los amigos del barrio que solían viajar a Cuba en carros rentados y acompañados de la jinetera o el pinguero de turno, terminan bloqueando el whatsapp y todas la redes sociales para evitar una excusa.

No es el caso de Yadira. Ya pasó por eso. Ella afirma que sí lo logrará. No sabe cómo pero jura que lo hará. ( continuará)

(Para la elaboración de este artículo contamos con la colaboración del Canal 13 de Tapachula)