EL COLMO DEL CINISMO: EL CASTRISMO LLAMA A LA DIÁSPORA A UN FESTIVAL EN CUBA

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Por Jorge Sotero
Los ministerios de Exteriores y de Cultura de Cuba lanzaron la convocatoria de un festival para los cubanos que viven en el exterior. El gobierno quiere que quienes viven en el extranjero regresen a Cuba a participar en el evento, como artistas o como espectadores, pero quiere que vuelvan, porque necesita dinero a toda costa y esa es una de las vías.
No lo dice la nota que hizo pública Granma, pero es casi seguro que la encargada de organizar el evento será la responsable de esos asuntos en el ministerio de Cultura, Liz Cuesta, la flamante no primera dama de Cuba, la misma que organiza festivales de gastronomía y modas, esas cosas a los que la mayoría inmensa de los cubanos no tiene acceso.
La segunda edición del «Festival de Cultura con Cubanos Residentes en el Exterior Cuba va conmigo», porque así se llama, tendrá lugar en La Habana del 2 al 12 de noviembre de 2023, y desde ya el Minrex envió las primeras circulares a sus embajadas para tratar de traer a la mayor cantidad de personas, artistas o no.
La circular no exhorta o pide, sino que exige a los diplomáticos cubanos que busquen la mayor cantidad de compatriotas que puedan venir a la isla al referido festival. Y en las embajadas saben cómo hacerlo: ellos tienen controlado al núcleo duro de los residentes en cada país, de los cuales se encargan los cónsules en las capitales o en el resto de las ciudades, en el caso de que tengan oficinas en otras urbes.
Los diplomáticos cubanos, para decirlo en típico español de la isla, meten el pie, presionan, a los llamados grupos de cubanos residentes, que son aquellos que se registran en la embajada y quieren tener buenas relaciones con la isla. De hecho, son los que reciben a los embajadores cuando asisten a actividades y los que hacen quorum cuando tocan los homenajes a Martí, el bloqueo u otras efemérides.
Hay que ir. Tenemos que mandar por los menos cinco, les dicen en algunos lugares. Y cuando no aparece la cantidad suficiente, los cónsules o los embajadores, apelan a otras tácticas: realizan poninas entre todos, para que cinco o seis elegidos vayan, porque Cuba no paga nada, no garantiza hospedaje, ni transporte, ni alimentación. Nada de nada. Incluso, ni las entradas a los espectáculos.
El gobierno cubano, Minrex o Mincult mediante, solo pagaría un boleto y le daría hospedaje gratis a alguien, si este fuera una gran personalidad y si la aerolínea que lo traerá o al hotel donde se quedaría les ofrecen rebajas en sus tarifas habituales.
Pero eso no es lo doloroso, sino que el castrismo se haga el bueno y llame a la diáspora a regresar al país a festivales, cuando a muchos de esos les han impedido por años volver a donde nacieron, aunque solo fuera a los funerales de un familiar o a ver a sus padres antes de morir.
Hay miles de esos casos. No permiten que alguien tome un avión a donde nació, solo porque no está de acuerdo con el sistema imperante, en esas decisiones arbitrarias y vergonzosas que ha caracterizado a la dictadura desde que asumió el poder en enero de 1959.
Pero casi 65 años después, siempre habrá cubanos que se presten al juego, que le hagan al régimen los honores que no merece. No serán jamás la mayoría de los que viven fuera, pero muchos vendrán, entre ellos esos que se llaman artistas y alardean de pertenecer a un país cuyo gobierno, el que ellos apoyan, mancilla una y otra vez.
Los cubanos residentes en el exterior tienen que tener dignidad y no participar. Es la hora de decir no y de ponerse del lado de los hombres y mujeres dignos que quedan en el país y que sufren las secuelas del accionar del gobierno, traducido en hambre, apagones, escaseces de todo tipo, pero sobre todo de esperanzas.