LOS HIJOS DE YEMAYÁ

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Por Ulises Toirac ()
La Habana.- En buena ley en cualquier religión soy «huérfano». No profeso ninguna aunque todas me gustan por enseñanzas e historias. Pero alguien a quien quise mucho me dijo: «Yemayá y Shangó te quieren así… de gratis» y además de la feliz coincidencia con los colores de nuestra nacionalidad (que son mis preferidos sin patriotismo ni ná), me dio mucho gusto sobre todo con Yemayá, porque el mar es mi vida. Incluso violento me subyuga. Ya no te digo «nadable», que es la vida misma.
A cualquier sitio que voy tomo el mar de referencia y me ha traido no pocos problemas porque hay sitios donde no hay mar y la «brújula» se me vuelve loca. Pero es el mar mi referencia, mi deseo, mi tranquilizador, mi paz. Y es también mis tristezas y mis desilusiones y mis frustraciones. Sentarme a mirarle solamente me hace «enderezar chakras» y «descargarle».
Dicen que la reina del mar cuando se encabrona bate su saya (sospecho sea referencia a las tempestades), por eso… Mamita, deja quieta tu saya y permítenos ver el sol y el horizonte. Lo necesitamos.
Feliz día a los hijos de Yemayá