EL CACIQUE BUNGO

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Por Arnoldo Fernández
Contramaestre.- En tierra ubicada en los márgenes del río Contramaestre, vivió una comunidad aborigen que consiguió preservar sus dominios, gracias a los acuerdos conseguidos por su cacique con el Cabildo de Jiguaní.
Bungo era el nombre del cacique, hombre inteligente y laborioso, sabía que la única manera de preservar lo que por derecho le correspondía a su gente, era mediante una negociación.
En el lenguaje popular, tanto castellanos, como criollos, al referirse a los aborígenes que vivían allí, los llamaron Bungos, porque el nombre de aquel líder tribal había trascendido las comarcas vecinas y fue normal que quedara registrado así en la toponimia de la zona.
Los Bungos vivieron allí entre los siglos XVIII y principios del XX, en que fueron prácticamente desalojados, cuando empezó la expansión de la plantación cañera y no les quedó otra cosa que emigrar hacia el extremo más oriental.
El territorio que ellos habitaron ganó un nombre que identifica a las personas que durante el siglo XX y lo que va de XXI, aún viven allí. Bungo es un barrio que nació, gracias a los vientos económicos que llevó el central América.
En la década de 1970 fue construido un complejo de escuelas internas en la zona, las primeras, en el territorio de los Bungos, así que en la oralidad se impuso la narrativa de llamar a todas aquellas edificaciones, Bungos y a los que estudiaron en ella: bungueros.
En la documentación del sistema de educación del municipio de Contramaestre, certificaciones de notas, expedientes, convenios, planes de trabajo…, el nombre que jurídicamente aparece en cada uno es el del Bungo que los emite; también en las visitas docentes provinciales, nacionales, los informes consignan el nombre, «Bungos».
Nuestras reverencias al cacique Bungo, una figura que casi nadie recuerda, y que de no ser por personas generosas que pusieron en mis manos información del tema, hoy no podríamos compartir esta versión de nuestra historia local, que merece ser valorada.