EMIGRAR NO ES LA SALIDA PARA CAMBIAR LOS DESTINOS DE CUBA

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Por Joel Fonte
La Habana.- Nadie tiene derecho, en principio, a decirle a otros lo que tienen que hacer con su vida. Esa forma de intolerancia, llevada a politica de Estado por una dictadura que ha visto en la masa a un rebaño manipulable y objeto de sus más oscuros caprichos, es una de las tantas causas por las que nuestro país está hundido hoy en el más profundo agotamiento.
Y nadie puede ni tiene autoridad, particularmente, para tachar de antipatriota, de cobarde, al que va al exilio cuando ha soportado acoso, persecución, hostigamiento, y todas las formas de represión que el régimen emplea contra quienes se le oponen.
Emigrar es un derecho, como lo es la actitud que cada cual decide asumir frente a la realidad del país.
Y no todos consideran, ni tienen que hacerlo, como correcta la forma de defender sus ideas que a otros nos parecen justas.
Pero, desde mi visión personal, me afinco en la certeza de que la emigración de Cuba de hombres y mujeres valientes, con coraje para plantar cara a los que la tienen secuestrada, a los que nos aplastan y nos roban, a este régimen putrefacto, corrupto, no hace sino fortalecer su posición, darle aliento.
El Castrismo está debilitado, exhausto, desacreditado, ha perdido un apoyo significativo de cientos de miles de sus partidarios que, en los últimos años sobre todo, han advertido su verdadera naturaleza criminal, delincuencial; el Castrismo está en proceso de colapsar, pero no caerá como hecho natural. No si quienes tienen que apurar la caída escogen abandonar la lucha y partir a otras tierras para construir una vida lejos.
En otros contextos históricos el exilio -y escribo exilio, no emigración-  era una forma de continuar esa lucha, y era incluso útil y necesaria. Sin embargo, en el presente  -sin desatender la importancia del esfuerzo y la solidaridad que muchos patriotas verdaderos brindan desde ese exilio- es aquí, dentro del país, donde se decide el futuro de Cuba y dónde es necesario permanecer.
Son demasiados años ya condenados a la indignidad de un régimen que nos ha anulado como seres humanos, que nos ha robado la vida.
Y, si un pueblo anhela fines elevados para su existencia como nación, también altos deben ser los sacrificios que esté dispuesto a hacer. Porque, no es eso acaso el patriotismo?.