CON LA ISLA EN MENTE…

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Por Esteban Fernández Roig Jr.
Miami.- Una mariposa revoloteando en un jardín de Hialeah me lleva mentalmente a otra en un solar yermo del Residencial Mayabeque, muy cerca de Raquel Ana Bezanilla y Enrique Alejo.
Solo hay que mencionar delante de mí a Roldán, el Temerario, o al Indio “Karinoa” e ipso facto ya mi mente sintoniza la radio cubana. Veo un Chevrolet del año 57, un Buick del 56 y mi mente retrocede 65 años en un segundo. Una pareja de Tomeguines del Pinar en una jaula casi sacan lágrimas a mis ojos recordando aquel que yo solté en agosto del 62.
Una vieja y destartalada bicicleta Niágara puede emocionarme. Un palo de trapear, un cielo estrellado, un poema, un arbolito de Navidad, un paisaje, el sabor de una guayaba verde con sal, ver a una persona tirando un cubo de agua para la calle un 31 de diciembre, me llevan a recordar mi pasado cubano.
Una melodía de difuntos cantantes, como Barbarito Diez, Tejedor, o Vicentico Valdés, me montan en una “cápsula espacial” rumbo a Cuba. Un tinajón me recuerda a Camagüey, un cementerio me lleva a Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, la sagrada tierra de mis hermanos Antonio Calatayud y Arnoldo Varona.
Un trago de guarapo y “ya estoy en Cuba”. ¿Usted nunca se ha tomado una cucharada de melao de caña, cierra los ojos, y se siente como que ha retrocedido muchos años atrás y se encuentra en medio de la campiña cubana y yo entrando en los centrales Gómez Mena, Providencia o Amistad?

Dígame la verdad, ¿usted puede escuchar el trinar de un sinsonte, ver a un colibrí, tomarse un Mojito, escuchar la palabra jutía, sin que le dé “un ataque» de cubania?
Mencione delante de mí al Stadium del Cerro, al río Almendares, a la C.M.Q., al Congo de Catalina, a la Manzana de Gómez, al Bidet de Paulina, al Cristo de La Habana, a La Virgen del Camino, al Aeropuerto José Martí , al Cauto, al Hanabanilla, a Soroa, y mi corazón brinca de alegría.
Un girasol, una paloma, una rosa blanca, una ceiba, una palma, un cocotero, un helado de mantecado, un grillo malojero, un cocuyo, una carriola, unas canicas, una quimbumbia, una barra de dulce guayaba, una mata de mango, otra de aguacate, escuchar el grito de Tarzán, todo me recuerda la Cuba del pasado glorioso.
Veo a un norteamericano mascando andullo e inmediatamente recuerdo a Rocky Nelson, la primera base del Almendares.
Un niño en un parque empinando un papalote, una gaviota volando sobre el mar, el canto de un gallo al amanecer, el zumbido de una abeja, una amenazadora avispa, una montaña rusa, un cachumbambé, un ‘tío vivo’, el olor a chapapote, una carroza en un carnaval, alguien tirando una serpentina, una cucharada de azúcar prieta.
Unos caramelos en un Públix me recuerda los que me vendía Isolina en la bodega de Joseito Márquez en Pinillos y Soparda.
El humo de un Habano, los sagrados nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar, las aguas cristalinas de un río, un aguacero, un rayo, un trueno, una lechuza, los dados de un cubilete, una guayabera, un machete, una maltrecha foto del Caballero de París y 14 mil cosas mas me recuerdan a Cuba.
Que otros te olviden , yo no puedo: Cuba, siempre en mi corazón, en mi alma y en mi cerebro! Amén.

(Este artículo fue tomado de la página de Facebook Nostalgia Cuba)