EL ORIGEN DEL MAL

0
56

Por Ismay Padrón

La Habana.- Dos horas antes de morir Fidel Castro, su hermano menor se sentó debajo de un árbol en Punto Cero y empezó a mirar el cielo en dirección al norte. Estuvo así como 30 minutos; mirando, quizás, la osa mayor o las luces de los cohetes de Cabo Cañaveral. El Comandante estaba agonizando y, por primera vez, Raúl Castro sería el puto amo de Cuba.

Al ver a Raúl tan destruido, se le acercaron Ramiro Valdés, José Ramón Machado y Guillermo García. Entre los cuatro se fundieron en un abrazo colectivo y empezaron a llorar desconsoladamente por la inminente muerte del hombre que le robó a los cubanos la libertad y el orgullo.

“Mis hermanos, ¿por qué esta revolución ha durado más de medio siglo? Necesito oírlos. A ver, Machado, empieza tú”, soltó de momento el General de Ejército.

Muy fácil. Fuimos a buscar militares y policías a oriente. Le prometimos una casa y un salario por encima de la media del país. A todos los hicimos, a su vez, de la Seguridad del Estado y nos mantienen informados de cualquier movimiento extraño. Con ese método, el gobierno puede durar miles de años. El cubano es un imbécil. Por vivir en una casa de tres por quilo y tener un carro o una moto del estado, hace de todo por defendernos y nunca tendrán el valor de darnos un Golpe de Estado. Esa es la receta para durar tanto tiempo en el mando. No hay otra, sentenció Machado Ventura.

No estoy de acuerdo contigo, Machado, interrumpió Guillermo. Nosotros hemos durado tanto tiempo al mando de la nación gracias al miedo. Los cubanos salen del país y se quieren hacer los más guapos y valientes del mundo, pero ninguno tiene pantalones para sacar la guapería aquí. Si nadie conociera el miedo, hace rato estuviéramos exiliados en Caracas o en Moscú. Nada de esto ocurrirá, mientras un compatriota le diga a otro: habla bajito que me metes en un lío. Nosotros inventamos el miedo y gracias a eso hoy estamos vitalicios en el poder. Ahí está la clave.

Ni el miedo, ni el control de los estúpidos militares y policías es lo que nos ha sostenido, exclamó Ramiro. Ha sido el adoctrinamiento. Supimos inculcarle a once millones de analfabetos que aunque no tengan nada en el refrigerador, siempre deben estar listos para desfilar y defender la revolución como unos corderos. Nuestros ciudadanos entendieron que el bloqueo es el causante de todo, mientras nosotros tenemos de todo, incluyendo el Cayo Santa María.

Ustedes están equivocados, muy lejos de la verdad, aseveró Raúl. La Revolución ha durado tanto por culpa de mi hermano Fidel. Creó el miedo en nuestro ciudadanos, los tiene pasando hambre, los adoctrinó y, por último, sacó a medio oriente para La Habana y les otorgó grados de Sargento, Teniente, Capitán y Coronel.

Bueno, pero ya se va a morir. ¿Qué pasará ahora?, interpeló Machado. Yo mantendré su legado, pero será un poco distinto. Pondré una figura decorativa en el poder y desde el sofá de mi casa decidiré los destinos de Cuba, concluyó Raúl.

Ocho años después de la muerte de Fidel Castro, la isla está peor. Ya nadie sabe cuál es el origen del mal. Estamos solos, muertos en vida. Esperando el 28 de septiembre para celebrar el cumpleaños de los CDR. Eso nos va quedando: Gerardo Hernández y sus regaderas. Si van a invitar a algún ruso a la fiesta de los CDR, por favor, que traiga Novichok para echarle a la caldosa. Queremos morir con algo en el estómago y olvidarnos de una vez y por todas que algún día vivimos en el maldito castrismo.