Gabriela Fernández y los Derechos Humanos: la contradicción que no puede ignorarse

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Por Jorge L. León (Historiador e Investigador)

Houston.- Hay noticias que pueden provocar una sonrisa. Esta, sin embargo, debería provocar algo más importante: una reflexión.

Gabriela Fernández Álvarez, presentadora y guionista del programa oficialista Con Filo, ha sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, correspondiente a la generación 2026-2028. Ya se encuentra en México.

Que una persona estudie Derechos Humanos no debería ser motivo de crítica. Todo ser humano tiene derecho a educarse, cambiar, rectificar y comenzar nuevamente.

Pero una cosa es el derecho de una persona a estudiar Derechos Humanos y otra muy distinta es ignorar las posiciones que esa misma persona ha defendido públicamente durante años.

Y aquí comienza el verdadero problema.

Defensora del régimen

Gabriela Fernández no fue una espectadora silenciosa del sistema cubano. Desde Con Filo participó en la defensa pública de la narrativa oficial del régimen. Su trabajo estuvo vinculado a un programa concebido para ridiculizar, desacreditar y deslegitimar a quienes cuestionaban al poder.

En asuntos relacionados con la libertad de expresión y los presos políticos, su posición pública fue particularmente significativa. Ha sostenido que en Cuba no existen presos políticos y que quienes están encarcelados lo están por haber cometido delitos.

Una afirmación de semejante naturaleza no es políticamente inocente.

Porque cuando un Estado encarcela a una persona por sus opiniones, por manifestarse, por ejercer derechos civiles o por enfrentarse políticamente al poder, el primer deber de quien habla de Derechos Humanos debería ser preguntarse qué ocurrió realmente con esa persona, y no limitarse a repetir la versión del gobierno que la encarceló.

Ese es precisamente el punto que una maestría en Derechos Humanos debería enseñar.

Los DDHH no defienden a los gobiernos

Los Derechos Humanos no fueron creados para defender gobiernos. Fueron concebidos, precisamente, para poner límites al poder.

No existen derechos humanos de izquierda y de derecha. No existen presos políticos buenos y presos políticos malos. No existe una libertad de expresión que deba defenderse cuando el gobierno es adversario y justificarse cuando el gobierno es amigo.

O los derechos son universales o dejan de ser derechos para convertirse en instrumentos ideológicos.

Durante años, una parte importante de la propaganda oficial cubana ha intentado presentar la defensa de los derechos humanos como una conspiración contra la Revolución. Con Filo ha sido uno de los espacios utilizados para esa operación propagandística.

Por eso resulta inevitable preguntar: ¿Qué hará Gabriela Fernández cuando tenga que estudiar, académicamente, aquello que durante años contribuyó a desacreditar desde la televisión oficial cubana?

¿Qué pensará cuando estudie el derecho a la protesta? ¿Qué pensará cuando examine la libertad de expresión? ¿Qué ocurrirá cuando se estudien los presos de conciencia? ¿Y qué ocurrirá cuando tenga delante testimonios y documentos sobre personas encarceladas por enfrentarse pacíficamente al poder?

Aquí no se trata de impedirle estudiar. Se trata de exigir coherencia. Porque quien ha utilizado su voz pública para defender a un gobierno tiene, precisamente por ello, una responsabilidad adicional cuando comienza a estudiar los límites del poder y la dignidad de quienes se encuentran frente a él.

No basta…

No basta con cambiar de país, ni con matricularse en una universidad. No basta con cambiar el escenario. Los Derechos Humanos comienzan allí donde termina la obediencia al poder. Y esta es quizá la pregunta más incómoda que puede plantearse:

¿Puede alguien estudiar Derechos Humanos seriamente sin revisar críticamente su propia actuación cuando utilizó su voz para justificar o minimizar las violaciones cometidas por un Estado?

La respuesta no depende de mí. Tendrá que darla ella. Y ojalá la dé. Porque si el estudio académico consigue que Gabriela Fernández revise sus posiciones anteriores, reconozca errores y comprenda que ningún gobierno tiene derecho a pisotear la dignidad humana, será una buena noticia.

Rectificar no humilla a nadie. Al contrario: rectificar frente a la evidencia es una de las mayores expresiones de honestidad intelectual.

Lo verdaderamente preocupante sería otra cosa: que los Derechos Humanos fueran estudiados como una nueva herramienta para defender las mismas posiciones que antes se defendían desde Con Filo.

Gabriela no está exenta de preguntas

Entonces la pregunta ya no sería una ironía. Sería una acusación moral mucho más seria:

¿Derechos Humanos para todos, incluso para los enemigos del poder? Porque si la respuesta es sí, entonces hay que defenderlos también cuando el preso es opositor, cuando el manifestante incomoda al gobierno, cuando el periodista cuestiona al Estado y cuando la víctima piensa diferente.

Si la respuesta es no, entonces no estamos hablando de Derechos Humanos. Estamos hablando de ideología.

El choteo cubano hará probablemente su parte con esta noticia. Pero hay algo mucho más importante que el choteo. La Historia observa. Y la Historia no pregunta qué programa de televisión se presentó, qué consigna se repitió o qué gobierno se defendió.

Pregunta algo mucho más sencilla: ¿De qué lado estuvo usted cuando los derechos de otros estaban siendo violados?

Esa pregunta, tarde o temprano, alcanza a todos. También a Gabriela Fernández.

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