La miseria olímpica del legendario Félix Savón

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Por Oscar Durán

La Habana.- Circula en las redes sociales un video de Félix Savón, una de las grandes leyendas del boxeo cubano, en el que aparece un hombre muy deteriorado, con una imagen que ha despertado comentarios sobre sus posibles condiciones de vida.

Se dice que está recogiendo basura para comer, aunque las imágenes no permiten confirmar directamente esa afirmación. Lo cierto es que la publicación ha provocado una ola de reacciones entre los cubanos, muchos de ellos sorprendidos al ver el estado físico que aparenta tener quien alguna vez fue una de las figuras más laureadas del deporte nacional.

Savón ganó tres medallas de oro olímpicas y seis títulos mundiales. Su nombre fue utilizado durante años por la propaganda oficial para presumir de las supuestas maravillas del sistema deportivo cubano. Hoy, su imagen vuelve a poner sobre la mesa la distancia que existe entre la gloria de los podios y la realidad de la vida después del aplauso.

Los comentarios no tardaron en aparecer. Unos señalan que la revolución no perdona, otros sostienen que Savón se condenó a sí mismo al permanecer en Cuba. También hay quienes aseguran que ningún cubano que tuvo la oportunidad de abandonar la isla merece compasión por haberse quedado, mientras otros mencionan graves acusaciones de violaciones a menores contra el exboxeador.

Es necesario distinguir las cosas: el video (https://www.facebook.com/reel/1667339058095918) no demuestra por sí solo que alguien esté recogiendo basura para alimentarse, ni permite confirmar las acusaciones que circulan en las redes. La situación personal de Savón merece un análisis serio, sin convertir rumores en hechos probados. La miseria de un país tampoco borra las responsabilidades individuales de nadie.

Lo que sí resulta innegable es que el régimen cubano lleva décadas exhibiendo a sus campeones cuando ganan medallas y representan sus intereses, con fotografías, homenajes y discursos sobre la grandeza de la revolución.

El deporte se convirtió en una vitrina política, con atletas obligados a cargar sobre sus hombros el peso de una propaganda que los presentaba como prueba del éxito socialista. Sin embargo, la vida de un deportista no termina cuando abandona los cuadriláteros. Llegan los años, aparecen los problemas de salud y las glorias del pasado dejan de pagar las cuentas del presente. En una sociedad marcada por los bajos ingresos, la escasez y la pérdida del poder adquisitivo, ni siquiera haber llevado la bandera cubana a lo más alto garantiza una vejez digna. El Gobierno exige sacrificios, celebra victorias y se atribuye los éxitos; las consecuencias de la decadencia económica las termina sufriendo la gente.

Félix Savón merece que su situación se trate con responsabilidad, sin idealizarlo ni condenarlo a partir de una grabación. Si atraviesa dificultades, su antigua condición de campeón olímpico no debería ser necesaria para reconocer su dignidad humana. La misma sociedad que hoy comenta su apariencia debe recordar que detrás de cada figura pública hay una persona cuya realidad no siempre conocemos.

La dictadura, por su parte, no puede seguir utilizando a sus deportistas como trofeos propagandísticos y desentenderse de las condiciones en las que viven cuando desaparecen los reflectores. Tres oros olímpicos, seis campeonatos mundiales y toda una carrera de éxitos forman parte de la historia deportiva de Cuba.

Ninguna medalla, sin embargo, debería terminar convertida en un recuerdo lejano frente a una vida marcada por la precariedad. La grandeza de un país no se mide únicamente por los campeones que produce, sino también por la dignidad que sus ciudadanos pueden conservar cuando dejan de ser útiles para el discurso oficial.

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