Fallece Carolina de la Torre, intelectual cubana que denunció la persecución contra las UMAP

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La psicóloga e investigadora Carolina de la Torre Molina falleció este viernes en La Habana a los 79 años, según comunicó la Sociedad Cubana de Psicología.

Su trayectoria académica estuvo acompañada de una postura crítica frente a las injusticias y la intolerancia que han marcado distintos periodos de la historia cubana. Su muerte deja el recuerdo de una intelectual que abordó asuntos incómodos para el poder y defendió la importancia de preservar la memoria de las víctimas.

Una de las obras más significativas de su trayectoria fue el libro Benjamín. Cuando morir es más sensato que esperar, publicado en España en 2018. En sus páginas reconstruyó la vida de su hermano, un joven artista homosexual que sufrió la internación en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajo forzado establecidos durante el Gobierno de Fidel Castro.

Benjamín murió por suicidio en 1968, tras una vida marcada por la discriminación y el rechazo. El libro nunca llegó a publicarse en Cuba.

La historia familiar de Carolina de la Torre también estuvo vinculada a la política cubana a través de su hija, Johana Tablada de la Torre, diplomática del régimen. Esa relación no impidió que la psicóloga expresara sus desacuerdos con la falta de libertades y la intolerancia en la isla.

Sus posiciones públicas llegaron a generar diferencias con su hija, en un contexto donde las heridas de la represión política y la discriminación siguen formando parte del debate sobre el pasado cubano.

Su legado reúne años de investigación psicológica y un testimonio personal sobre una etapa dolorosa de la historia nacional. Al contar la experiencia de Benjamín, Carolina contribuyó a mantener viva la memoria de quienes fueron perseguidos por su orientación sexual y sus diferencias con los valores impuestos por el poder.

Su obra deja constancia de una realidad que durante mucho tiempo quedó relegada al silencio y recuerda el coste humano de la intolerancia institucional.

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