
Las importaciones de Estados Unidos a Cuba alcanzan récord en 2026 y profundizan la dependencia económica de la isla
Por Anette Espinosa
La Habana.- Las exportaciones de Estados Unidos a Cuba alcanzaron los 674 millones de dólares entre enero y julio de 2026, un incremento del 61,8 % respecto al mismo período de 2025, cuando llegaron a 416,5 millones, informaron varios medios de prensa
El acumulado representa el 83,2 % de todo lo exportado por Washington a la isla durante el año anterior. El crecimiento refleja una relación comercial que gana peso en medio de la crisis cubana, con los artículos de socorro, el pollo congelado y los derivados del petróleo entre las principales partidas.
El economista Ricardo Torres, investigador invitado en American University, señala que el cambio en la composición del comercio muestra una mayor presencia del combustible, un sector estratégico para un país sometido a apagones de más de 20 horas diarias.
Detrás de las cifras existe una realidad que el régimen cubano no puede esconder con discursos de soberanía ni consignas revolucionarias. El mercado estadounidense se ha convertido en un proveedor relevante de alimentos, productos manufacturados y combustible, una dependencia que favorece la capacidad de negociación de Washington frente a La Habana.
Daniel Torralbas, economista consultado por EFE, considera que el sector energético estadounidense está adquiriendo un papel fundamental para la isla. La paradoja resulta evidente: un régimen que lleva décadas denunciando al vecino del norte termina necesitando sus productos para aliviar el desabastecimiento que padecen los cubanos. Y aquí conviene decirlo sin muela: ninguna propaganda puede tapar que la dictadura ha sido incapaz de garantizar las condiciones mínimas de vida a su propio pueblo.
El aumento de las compras también beneficia al sector privado cubano, autorizado por Estados Unidos para importar combustibles, aunque los expertos advierten que esas operaciones no resuelven la crisis estructural.
En los primeros siete meses de 2026, el promedio de diésel importado alcanzó el 89 % del ritmo registrado en 2023, mientras la gasolina llegó al 110 %. El valor de los combustibles y otros derivados del petróleo sumó 156,9 millones de dólares en los primeros meses del año, según los datos citados por EFE.
Aun así, la economía continúa sin ofrecer una respuesta a los apagones, la falta de alimentos y la precariedad de los servicios. La dictadura pretende impulsar a los emprendedores a la vez que mantiene un sistema que limita la inversión, castiga la iniciativa privada y obliga a miles de cubanos a sobrevivir en la informalidad. Eso no es desarrollo: es administrar la miseria.
La llegada de grandes capitales extranjeros tampoco encuentra un escenario favorable. Torres explica que el sistema cubano ha tratado históricamente al capital internacional con cautela, sin ofrecer garantías suficientes, a la vez que las sanciones estadounidenses dificultan la entrada de empresas de mayor tamaño.
Torralbas considera que 2026 es uno de los años menos atractivos para invertir en Cuba. El problema, por tanto, no se reduce a la política de Washington: también está en las decisiones de una dictadura que lleva décadas cerrando espacios económicos y políticos.
La isla necesita comercio, inversión y libertad para producir, no nuevas promesas desde la Mesa Redonda. Si el Gobierno quiere dejar de mendigar combustible y alimentos, debe abrir paso a reformas reales, respetar la propiedad privada y devolverle al pueblo la capacidad de decidir su destino. De lo contrario, las cifras seguirán creciendo en los informes internacionales, mientras Cuba continuará hundiéndose en su propia desgracia.



















