
La tierra de las despedidas
Por Julia Jareño ()
Miami.- La historia del pueblo cubano está escrita con lágrimas, sacrificios y despedidas que jamás debieron ocurrir. Esta imagen es mucho más que el rescate de un hombre que llegó cerca de Key Biscayne sobre una embarcación improvisada. Es el retrato de la desesperación de un pueblo que, durante décadas, ha visto cómo la esperanza se le escapa entre las manos.
Cubanos que se lanzan al mar, que atraviesan selvas, que desafían el frío, las fronteras y las barreras de idiomas desconocidos. Personas que lo dejan todo atrás, incluso a sus familias, porque sienten que quedarse significa renunciar a la posibilidad de una vida mejor. ¿Qué tiene que pasar en la vida de un ser humano para que prefiera confiar su destino al mar antes que seguir viviendo en su propia tierra?
Nadie abandona su hogar de esa manera por capricho. Detrás de cada travesía hay una historia que no conocemos, una familia que espera, una madre que reza, unos hijos que quizás nunca vuelvan a abrazar a su padre y una esperanza aferrada a la fe en Dios. Y mientras tanto, hay quienes pretenden normalizar esta tragedia, como si fuera natural que generaciones enteras de cubanos tengan que arriesgar sus vidas para escapar de su propio país.
¡No! No es normal. No debería serlo nunca.
Cuba no puede seguir siendo una tierra de despedidas, de familias divididas y de sueños que terminan en el fondo del mar. No podemos acostumbrarnos a ver estas imágenes como si fueran una noticia más.
¡Cuba lleva 67 años sangrando lentamente!
Y lo más doloroso es que no solo sangra la tierra que dejamos atrás: sangran sus familias, su juventud, su historia y cada corazón cubano que ha tenido que marcharse para intentar vivir con dignidad.
Cuba duele. Y duele más cuando entendemos que tantos de sus hijos no se fueron porque quisieran abandonarla, sino porque sintieron que ya no podían seguir viviendo en ella.



















