
EL PRECIO DE LA ANESTESIA: 50 MIL PESOS PARA PODER OPERAR EN UN HOSPITAL CUBANO
Por Oscar Durán
Santa Clara.- Cincuenta mil pesos. Esa es la cifra que, según una denuncia enviada a la página Nio Reportando un Crimen, habrían pedido para realizar una operación con anestesia general a una persona en el hospital Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara.
La justificación médica sería que no hay anestesia disponible en el hospital. Lean bien: estamos hablando de un centro hospitalario que debería garantizar los recursos indispensables para atender a sus pacientes, no de una clínica privada donde cada servicio tiene una tarifa.
Lo más indignante de esta historia es que una persona enferma, además de lidiar con su padecimiento, tenga que enfrentarse a semejante realidad. En Cuba ya no basta con conseguir una cama, encontrar un médico o esperar que aparezca un medicamento. Ahora también hay que buscar 50 mil pesos para conseguir anestesia y poder entrar a un salón de operaciones.
La enfermedad se ha convertido en otro negocio para quienes tienen la desgracia de necesitar atención médica en un país que lleva décadas vendiendo al mundo la mentira de su potencia sanitaria.
El hospital Arnaldo Milián Castro no es una instalación cualquiera. Es uno de los principales centros asistenciales de Villa Clara. Si realmente no dispone de anestesia general, estamos ante un problema gravísimo de abastecimiento y gestión sanitaria. Si, además, se está exigiendo dinero a los familiares para conseguir ese recurso, la situación adquiere una dimensión todavía más escandalosa.
Una operación no puede depender del bolsillo de una familia, ni la posibilidad de sobrevivir puede convertirse en un privilegio reservado para quienes tienen dinero.
Después salen los dirigentes a hablar de humanismo, solidaridad y conquistas de la revolución. ¡Qué clase de burla! El mismo sistema que presume de tener una medicina ejemplar no consigue garantizar anestesia en sus hospitales. Los médicos hacen lo que pueden, muchos trabajan en condiciones deplorables y los pacientes terminan pagando las consecuencias de una administración incapaz de sostener hasta los servicios más elementales.
Cuba no necesita más discursos sobre su sistema de salud. Necesita medicamentos, insumos, anestesia y hospitales que puedan salvar vidas sin exigirle a una familia el dinero que probablemente no tiene.



















