
No. EEUU no creo el comunismo ni ayudó a la revolución de Lenin
Por Carlos Carballido ()
Dallas.- Varios colegas se han subido a una peligrosa narrativa que no se ajusta a los hechos históricos. Me han etiquetado en varios de sus videos y teorías, y es
mi deber -por respeto a mis seguidores- poner los hechos en contexto.
Afirman que EE.UU. es el responsable de la creación del primer Estado marxista-leninista de la historia, basados sobre todo en el libro del economista inglés Antony C. Sutton, Wall Street y la Revolución Bolchevique, donde relata el financiamiento de algunos magnates americanos vinculado a la revolución leninista.
Sutton se apoya en documentos de la época y en algunos telegramas, pero no pudo demostrar que el Departamento de Estado aprobara ese presunto apoyo privado ni que se usara dinero público para llevar a Lenin al poder.
Conviene separar dos cosas que el relato mezcla. Una son los créditos oficiales del Tesoro de EE.UU. Otra, los contactos de banqueros privados —Guaranty Trust, la misión de la Cruz Roja de William Boyce Thompson, el pasaporte con el que Trotski salió de Nueva York— y los negocios posteriores con bancos soviéticos. Eso último es una tesis contestada. No es una decisión de Washington de fundar el comunismo.
Quienes acomodan el envío de dinero a Rusia como complicidad estadounidense olvidan un hecho histórico innegable: en 1917 ocurrieron en ese país dos revoluciones distintas.
La primera siguió a la abdicación del zar Nicolás II y a la creación de un Gobierno Provisional, en marzo de 1917.
El presidente de ese gobierno era el príncipe Gueorgui Lvov y después Aleksandr Kerenski . Pretendían establecer el orden y pasar a una socialdemocracia estilo europea
Los que sostienen la teoría de la fabricación estadounidense del comunismo olvidaron un detalle crucial: Los bolcheviques ( comunistas) NO formaban parte de ese gabinete.
Fue durante ese gobierno transitorio cuando se autorizaron créditos al Gobierno Provisional: 100 millones de dólares el 16 de mayo de 1917, 75 millones el 17 de julio, 100 millones el 23 de agosto y 50 millones el 12 de octubre.
El propio Sutton reconoció que eran créditos autorizados, pero no pudo demostrar que cada suma se desembolsara íntegra.
El destinatario era el Gobierno Provisional, no el partido de Lenin.
El Tesoro estadounidense desembolsó en neto unos 187,7 millones, casi todos antes de la caída de ese gobierno.
El primer giro real y documentado fue de 35 millones, el 6 de julio.
Tras el golpe bolchevique no hubo préstamos al nuevo régimen, salvo 1,3 millones el 15 de noviembre de 1917, aplicados el mismo día al pago de intereses.
El 3 de febrero de 1918 el gobierno soviético repudió esa deuda.
Esos créditos tenían un fin de guerra: mantener a Rusia del lado aliado contra Alemania. No financiaban la toma del poder por Lenin.
El auxilio documentado para que Lenin cruzara en el tren sellado y se financiara en 1917 fue alemán, no del Tesoro estadounidense.
Esta confusión entre «financiar a Rusia», «apoyar la revolución contra el zar» y «financiar la revolución bolchevique» es una de las bases del relato.
La debilidad está en que se obvia el detalle de que ese dinero no fue a manos de Lenin y, además, en que una vez que los bolcheviques toman el poder y derrocan al Gobierno Provisional, Washington se niega a reconocer al régimen de Moscú.
No hubo relaciones que romper con un Estado soviético que EE.UU. nunca reconoció. Esa política de no reconocimiento, iniciada por Wilson, siguió con Harding, Coolidge y Hoover hasta el 16 de noviembre de 1933.
Antes del surgimiento del CFR y de la CIA, Lenin ya hacía una revolución comunista y daba un golpe de Estado a un Gobierno Provisional que mezclaba liberales kadetes, octubristas y, más tarde, socialrevolucionarios y mencheviques, y que apostaba por una salida más cercana a la socialdemocracia europea que a la dictadura del partido único.
Desde 1895 Lenin había creado la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, que buscaba conectar la propaganda socialista con la toma del poder político y exportar la revolución. Y lo hizo por convicción ideológica comunista NO por fabricación estadounidense.
La historia es una, y un libro no define la realidad de los procesos sociales, como el surgimiento del primer Estado comunista y su inmediata expansión hacia países de Europa, Asia y América.
Culpar a EE.UU. de la creación del comunismo ( y del Castrismo) no solo es una inadecuación histórica.
Es blanquear un cáncer como el comunismo, que carga con decenas de millones de muertos —en torno a 94 millones según el Libro negro del comunismo, y más en otras estimaciones— y, en el caso de Cuba, con decenas de miles de muertes políticas documentadas y con miles de balseros muertos o desaparecidos en el estrecho de Florida.
No hace falta inflar esas cifras para decir lo que son sacando al culpable de la ecuación: Son VICTIMAS DEL COMUNISMO RUSO, no de EEUU.



















