La pregunta que taladra el cerebro: ¿fue esto dirigir bien la economía?

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Casi inmediatamente después del triunfo de 1959 (abril de ese año), Fidel Castro visitó Estados Unidos y el entonces presidente de ese país se negó a recibirlo. Jrushchov, que no tenía muchos pelos en la lengua y no iba a malgastar uno de bobo, movió su maquinaria para explorar si era posible acercarse al gobierno recién establecido en La Habana.

En febrero de 1960, Anastás Mikoyan, compinche de primer grado de Nikita Jrushchov, estaba aterrizando en La Habana con el convenio bajo el sobaco. Cambiar de palo pa’rumba llevaba arriesgar la famosa cuota azucarera, pero el desaire de Eisenhower fue too much, y aunque solo se ahorraban 60 centavos por tonelada… pues a la pingüinflái, combustible soviético.

Y ahí se formó el brete (del cual también tengo la historia pormenorizada), pero para la pregunta que me taladra el cerebro, este chisme hasta aquí basta.

La cosa es que así comienza el desarrollo de un perfil de consumo de combustible ajeno al mercado internacional, esto es: combustible por trueque (azúcar), subsidiado y/o gratis, que se extendió desde aquel momento hasta que Venezuela cerró la llave 66 años más tarde.

Este consumo por encima de las posibilidades económicas del país —si no sacaron la cuenta, vuelvan a leer todo— produjo un gasto al que se acomodó la malanga y sus puestos de viandas, sin pensar jamás en lo creciente del mismo, sin percatarse del peligro, sin buscar vías alternativas que atenuaran la dependencia… Todo nais, todo japy, todo soft…

La pregunta es (y en mi juicio no solo fue un error garrafal sino duradero): ¿esto es dirigir bien la economía? ¿Hacernos libres y soberanos? ¿Hay una pizca de inteligencia en esto? Nada que al final hice tres… retórica… Es solo una.

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