
La piedra que no dejaba excavar
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Los trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro querían poner cables. Excavar un pozo bajo el pavimento, nada más. Esquina de Guatemala y Argentina, Ciudad de México. Febrero de 1978. Madrugada. Y a dos metros apareció una piedra que no dejaba seguir.
Era grande. Con figuras talladas. Así que hicieron lo que había que hacer: avisar. Llegó el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Llegaron Raúl Arana, Rafael Domínguez. Empezaron a quitar tierra con cuidado. Y apareció una cosa que nadie había visto completa en siglos.
Una escultura circular. Tres metros veinticinco de diámetro. Ocho toneladas. Piedra volcánica. Una mujer con la cabeza separada del torso y los brazos y las piernas repartidos alrededor. Adornos en el pelo. Un cinturón con cráneos. Cascabeles en las mejillas.
Era Coyolxauhqui. «La adornada con cascabeles». La que se enfrentó a Huitzilopochtli y salió perdiendo. El relato dice que le cortó la cabeza y tiró el cuerpo desde el cerro de Coatepec. Y ahí estaba, al pie de la escalinata del santuario de Huitzilopochtli, en el Templo Mayor de Tenochtitlan. Donde tenía que estar.
Más que una roca, era un dato
No era solo una piedra bonita. Era un dato. La posición coincidía con el mito y decía mucho de cómo estaba organizado el recinto sagrado mexica. Los arqueólogos ya sabían que había algo debajo. Manuel Gamio había encontrado parte de la estructura en 1914. Pero el resto seguía tapado por edificios y calles del Centro Histórico.
Aquello cambió la escala. El 20 de marzo de 1978 arrancó formalmente el Proyecto Templo Mayor, dirigido por Eduardo Matos Moctezuma. Años de excavación. Etapas constructivas del templo identificadas. Miles de objetos en ofrendas recuperados.
Lo que salió después
También hubo que tumbar construcciones posteriores. Eso trajo discusión: ¿y el patrimonio de las otras épocas? Decisiones, debates, polémicas. Nada raro cuando se levanta una ciudad para encontrar otra debajo.
El 12 de octubre de 1987 abrió el Museo del Templo Mayor. Ahí quedó el monolito, en el centro, mirando a todo el mundo. La foto de 1978 muestra a los investigadores junto a la escultura dentro del pozo. Parecen pequeños. La piedra llena casi todo.
Esa imagen es uno de los momentos grandes de la arqueología mexicana del siglo XX. Empezó todo por unos cables. Terminó con el templo principal de Tenochtitlan otra vez a la vista.



















