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Por Jorge Sotero

Sancti Spíritus.- El régimen cubano acaba de inaugurar en Sancti Spíritus el primer mercado mayorista del país Abasto.cu, una iniciativa que permitirá a empresas estatales, negocios privados y trabajadores por cuenta propia comprar productos industriales, artículos importados y alimentos.

La noticia pudiera parecer un avance en la reorganización del comercio, si no fuera por un detalle que retrata bastante bien la realidad económica de la isla: para comprar en ese establecimiento hay que alcanzar un mínimo de 200 dólares o 24 000 pesos cubanos. Así arranca este nuevo invento de la dictadura, en un país donde miles de familias hacen malabares para poner comida sobre la mesa y donde el salario de buena parte de la población apenas alcanza para sobrevivir.

La oferta inicial incluye productos cárnicos, sal y arroz, con la intención de incorporar frijoles, carne de cerdo y cordero, siempre que exista disponibilidad y condiciones para conservarlos. Entre los proveedores figuran la Empresa Municipal de Aseguramiento Agropecuario de Sancti Spíritus, varias Mipymes y una empresa extranjera que comercializará en euros.

La directora de la Empresa Mayorista ITH Trinidad, Aida Rivas Duarte, explicó que también están abiertos a recibir nuevos proveedores. Todo suena muy bien en los comunicados oficiales, aunque la pregunta sigue en el aire: ¿cuántos negocios cubanos pueden disponer de semejante capital y cuántos ciudadanos tienen acceso a esos productos sin terminar con los bolsillos vacíos? El mercado abre sus puertas, sí, aunque sus condiciones de compra dejan claro que no todos podrán aprovecharlo en igualdad de circunstancias.

La apertura se produce en medio de las 176 reformas económicas y sociales anunciadas por el Gobierno, agrupadas en 23 ejes que incluyen la agricultura, el comercio exterior, la inversión privada y una mayor autonomía empresarial. La Resolución 13/26 del Ministerio de Comercio Interior también establece las bases para la creación y el funcionamiento de estos mercados. Sobre el papel, la estrategia promete descentralización y nuevas oportunidades comerciales.

En la calle, los cubanos siguen enfrentándose a la inflación, la escasez de alimentos, los apagones y la creciente dolarización. Después de tantos años de controles, restricciones y decisiones económicas fallidas, el Gobierno vuelve a presentar reformas parciales, sin que el anuncio por sí solo garantice una mejoría real en la mesa de los ciudadanos.

La consolidación del mercado dependerá de mantener suministros estables, conservar adecuadamente las mercancías y establecer precios competitivos. Tres condiciones fundamentales en una economía donde conseguir productos de primera necesidad se ha convertido en una carrera de obstáculos.

Las sanciones estadounidenses y las restricciones energéticas también forman parte del escenario actual, aunque no borran la responsabilidad de las autoridades cubanas en las deficiencias estructurales acumuladas durante décadas.

El problema no se resuelve inaugurando establecimientos ni publicando paquetes de medidas con cifras llamativas. Hace falta producción, capacidad adquisitiva, reglas claras y un entorno que permita a los negocios funcionar sin trabas innecesarias. De lo contrario, este mercado terminará siendo otra vitrina de reformas oficiales en un país donde abundan los anuncios económicos y escasean las soluciones que el ciudadano necesita para vivir con dignidad.

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