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Por Julia Jareño ()

Miami.- La otra noche, de madrugada, una mujer embarazada, con dolores de parto, tuvo que ser trasladada en una camilla por toda la Vía Blanca hasta el hospital Hijas de Galicia. Sin ambulancia, a oscuras, con el suero colgando y empujada por personas que tuvieron que improvisar un traslado que debía garantizar el sistema de emergencias.

Esa es la Cuba que ha construido el régimen después de más de seis décadas en el poder: una mujer embarazada recorriendo una carretera en camilla porque ni siquiera hay una ambulancia disponible. Un país donde lo que debería ser un derecho elemental se ha convertido en una odisea, donde los hospitales carecen de recursos, los servicios se desploman y la población tiene que resolver por sus propios medios hasta las emergencias que ponen en peligro la vida.

Y mientras tanto, el régimen sigue aferrado a sus consignas, sus discursos triunfalistas y su propaganda sobre las supuestas conquistas de la Revolución. ¿De qué potencia médica hablan? ¿De qué justicia social presumen? ¿Qué clase de sistema presume de proteger al pueblo cuando una mujer a punto de dar a luz tiene que ser empujada por una carretera, de madrugada y sin una ambulancia?

No se puede gobernar durante más de seis décadas, controlar todos los resortes del poder y seguir culpando eternamente a otros de la destrucción del país. La falta de ambulancias no es una consigna política: es una realidad. La precariedad no es propaganda enemiga: es lo que vive el cubano todos los días.

Esta imagen debería recorrer el mundo, porque detrás de esa camilla hay una madre, un bebé y un pueblo que merece mucho más que excusas, promesas incumplidas y discursos oficiales. ¡Basta de propaganda! Cuba necesita soluciones, responsabilidad y un futuro distinto.

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