La Habana grita chantaje: Rubio aprieta el voto en la ONU

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Cada octubre, el régimen cubano monta el mismo espectáculo en Nueva York: una resolución no vinculante contra el embargo estadounidense que casi todo el planeta aprueba por inercia.

Este año la votación en la Asamblea General de la ONU está fijada para el 28 de octubre. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla no esperó a esa fecha. Este miércoles acusó al secretario de Estado Marco Rubio de «presionar y chantajear» a jefes de Estado para que cambien su voto.

La denuncia llega después de que Rubio hablara por teléfono con el presidente salvadoreño Nayib Bukele sobre prioridades de Washington en la ONU.

Rodríguez escribió en X que Rubio está «nervioso y ansioso frente a otra nueva derrota» y que busca hacer «cómplice» a la comunidad internacional de lo que La Habana llama «castigo colectivo» contra el
pueblo cubano.

El Departamento de Estado confirmó la llamada Rubio-Bukele sobre cooperación en seguridad y la protección de infraestructura crítica, incluida la portuaria, frente a lo que Washington describe
como «influencias extranjeras malignas», sin nombrar países.

En julio, Cuba logró una sesión especial en la ONU con 136 votos a favor, 9 en contra y 30 abstenciones. En octubre de 2025 la resolución anual pasó 165-7, con 12 abstenciones: menos apoyo casi unánime que en años anteriores.

La Habana insiste en que el embargo, vigente desde 1962, es la causa de la miseria, los apagones y la falta de medicinas. Washington responde que el sistema castrista sobrevive de subsidios externos y
que el voto anual sirve para evadir reformas.

Rubio, cubanoamericano y figura clave de la política dura hacia la isla bajo Trump, concentra ahora la rabia diplomática del régimen. La resolución no obliga a nadie: es teatro político con micrófono mundial.

Cuando el aparato de propaganda de La Habana habla de «chantaje», conviene mirar quién controla los periódicos, las cárceles y las calles en Cuba. El embargo existe; también existen la represión a la disidencia, el exilio masivo y una economía capturada por el Estado.

Usar la ONU para tapar eso no es nuevo. Lo nuevo es la ansiedad: Rubio mueve fichas y el régimen siente que el ritual de octubre podría costarle más abstenciones o votos en contra.

Eso no libera a un preso político. Sí obliga a preguntar, otra vez, por qué un gobierno que se dice popular necesita el enemigo externo como explicación permanente.

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