
Cuando todo acabe, quedará la sensación de la traición
Por René Fidel González ()
Santiago de Cuba.- Cuando todo acabe, quedará la sensación de la traición. Traición, como todas las traiciones, siempre a costa de la confianza de alguien, de la esperanza de alguien, pero distinta por sus proporciones y también por sus propósitos.
No es exactamente una traición a los partidarios de una idea, a los creyentes y defensores de una idea; no exactamente, no totalmente: es traición a una sociedad entera —o a varias—, porque cada generación que vivió en Cuba hizo su parte y se sintió dentro de su propia sociedad.
Cuando todo acabe, quedarán sobre el extenso y terrible campo de la derrota —eso es, realmente— los carroñeros aseados ya, junto a su botín de despojos; pero quedarán, sobre todo, los derrotados, sus cuerpos y vidas, sus anhelos esparcidos y rotos, la impotencia.
¿Qué van a decir, qué dirán entonces, los que ahora, golosos y soberbios aún, nos dicen que todo lo que ocurre es en nuestro nombre?
Los niños durmiendo con hambre, famélicos.
Los ancianos durmiendo ya sin sueños, famélicos.
Los padres y madres durmiendo ya sin sus padres y madres, sin sus hijos, famélicos, absolutamente famélicos.
¿Cómo pudiera ser en nuestro nombre, canallas?



















