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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Viendo la situación de Cuba, parece que la mafia gobernante realmente cree que el pueblo se alumbra con aire, come aire, se baña con aire y hasta se cura con aire. La retórica revolucionaria ha llegado al punto de sustituir la realidad por oxígeno imaginario. Es grotesco escuchar a Díaz-Canel negar el colapso total de un país que no produce ni un peine y donde la gente muere por falta de medicinas y atención médica.

Mientras tanto, el turismo se desploma un 62% en un solo año, paralizando las millonarias inversiones que sostenían la fachada del “desarrollo”.

El PIB cae un 15% en los últimos 3 años.

Nadie puede predecir hasta dónde caerá el nivel de vida de los cubanos ni cuánto más soportará el pueblo a la dictadura. Lo que sí es evidente es que Cuba vive una crisis humanitaria sin paliativos, ante la cual el gobierno ha decidido cerrar los ojos porque sabe que no puede resolverla. No controlan ninguno de los procesos de deterioro multisectorial que asfixian al país. Son plenamente conscientes de que la situación es irreversible y que su acta de defunción solo carece de fecha.

Se equivocaron —otra vez— implorando a sus antiguos socios para que los salvaran. Hoy es un hecho: ninguno quiere saber nada de un país colapsado. Cuba está completamente sola frente a una realidad hacia la que caminamos a sabiendas.

El proyecto cubano ya ni siquiera es sostenible para la propia mafia gobernante, y los gestos de los antiguos cómplices se han evaporado.

El aire no nos salvará.

O nos salvamos nosotros mismos, o la situación será todavía más caótica, más asfixiante y más irrespirable.

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