
El chivato que descubrió la crisis en el hospital
Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Me encontré un escrito en el Facebook de Eduardo Miguel Álvarez Estévez, un exoficial de las Fuerzas Armadas cubanas, agente de la Seguridad del Estado en activo y chivato de nacimiento, quien intenta lavar un poco su imagen y publica un artículo, largo y tedioso, criticando a las autoridades de Salud Pública por lo que ocurre en los hospitales.
Con la única intención de ganar algunos likes, de vender una imagen de crítico o imparcial que no ha tenido jamás, porque es un acérrimo defensor del castrismo, levanta la mano —o la voz— y la emprende contra el gobierno de turno, como si no fuera el mismo, como si los hpt de ahora no fueran la continuidad de los hp de siempre: los hermanos Castro, para ser preciso.
El tal Eduardo Miguel dice que no escribe desde la comodidad de un despacho, sino “desde un hospital donde cada día veo cómo se nos cae a pedazos, y donde la indiferencia de muchos duele más que la falta de agua o de corriente”.
Este personaje, sucio, baboso y lameculos, insiste en que “sabemos que el bloqueo existe. Es criminal, es real, nos asfixia. Lo he denunciado en este blog y lo seguiré denunciando. Pero hay otra crisis que no aparece en las tribunas ni en las asambleas: la desconexión, la falta de empatía, el abandono institucional a quienes sostienen la salud pública con las uñas”.
Las preguntas que no se hace
Y miren esto: como no podía ser de otra forma, en un oficial retirado de las FAR que no sabe qué hacer, insiste en que “soy jefe de mantenimiento de un hospital que atiende hemodiálisis. Y cada vez que se roban un centímetro de tubería de agua, una ventana, una puerta, un medicamento, siento que me roban una parte de la vida de mis pacientes. Denuncio, pido auxilio, llamo a los órganos superiores. Y la respuesta es el silencio”.
Eduardo Miguel, sin embargo, no se pregunta por qué se roban las tuberías, cuál es la causa por la cual un bandido va a robarse un pedazo de tubo para venderlo. Ya sé: el ladrón es ladrón, pero si hubiera tubos por la libre, nuevos, nadie le compraría uno a un ladrón. Elemental.
Dice también que en el hospital donde él es jefe llevan “dos meses sin grupo electrógeno. Dos meses en los que la hemodiálisis se ha suspendido por falta de energía. Dos meses en los que ningún dirigente del órgano superior ha venido a ver, a preguntar, a resolver. Dos meses de cartas, llamadas, denuncias, y nada”.
Hay un solo culpable, coronel: tu gobierno, ese que defiendes a capa y espada. Tu gobierno ladrón, al que solo le preocupa la vida y la familia de los que mandan, gobiernan, se creen herederos legales del poder y del país.
Hay un solo culpable de todo: el gobierno
Si no hay agua, la culpa es de este gobierno, que es el mismo que el anterior, que el anterior del anterior, porque es el mismo. En Cuba, desde el 1 de enero de 1959 ha habido un solo gobierno. Los cubanos, en 67 años, no hemos tenido más gobierno que el de los Castro, a veces tapado con el nombre de Díaz-Canel, un cobarde capataz que ni para poner la cara sirve, entre otras cosas, por pendejo, como tú, que de vez en cuando intentas un cambio momentáneo de casaca, que no terminas de asumir.
“Somos una unidad presupuestada. Eso significa que no podemos comprar insumos ni materiales por nuestra cuenta. No tenemos autonomía para adquirir lo que necesitamos. Dependemos de una asignación central que llega tarde, mal o no llega”, dices, y pregúntate de quién es la culpa. ¿Quién es el responsable de que no haya insumos para los hospitales, y no solo tornillos, sino material quirúrgico, por ejemplo?
Hablas de entorno hostil y violento, de robos, de pillería, como si fueran cosas que surgen así como así, casi de la nada, y no fruto de la misma crisis generada por el castrismo. Si se roban las ventanas del hospital, Eduardo Miguel, alguien debe velar por ellas. Para algo están los policías, y no solo para perseguir, acosar y encarcelar a quienes critican al gobierno.
También dices que “no tenemos plazas cubiertas de custodios ni guardias de seguridad suficientes”, lo cual convierte a Cuba en el único país del mundo donde hay ofertas de trabajo por cientos, sin que aparezca nadie para ejercer esas funciones.
Otro que absuelve a Fidel Castro
Pregúntate, Eduardo Miguel, por qué no aparecen personas para hacer de custodios, para limpiar pisos, para trabajar en lo que sea, mientras ves a miles en la calle intentando ganarse unos pocos pesos, haciendo cualquier cosa. El gobierno cubano nunca se ha preocupado porque el trabajo sea digno y los salarios alcancen. Nunca ha sido su prioridad.
Y lo mejor del texto de Eduardo Miguel, de pronto convertido en articulista, es que dice que “desde que Fidel falleció, la medicina quedó desamparada”. Y agrega que “es duro decirlo, pero nadie puede negarlo: desde que murió el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la medicina cubana quedó desamparada. No por falta de médicos, que los hay y son héroes. Sino por falta de atención, de recursos, de empatía de quienes tienen la responsabilidad de administrarla”.
Increíble cómo este hombre intenta excluir a Fidel Castro, el sátrapa mayor de las culpas por la debacle del sistema de salud cubano. Es algo así como aquella vieja frase de “juega con la cadena, pero no con el mono”, porque en Cuba, luego de 10 años de su muerte, o casi, el nombre de Fidel Castro sigue siendo la baza del castrismo.
Personajes como este, a pesar de que se ha llevado medio centenar de comentarios de apoyo en Facebook, y algunos likes más, sigue siendo un hueleculo del castrismo, un lamentable defensor del régimen y un ridículo comentarista.
(El artículo no se puede adjuntar acá, pero se puede ver en su muro de Facebook).



















