
La guerra del otro lado de la frontera
Por Kathy Eisenring ()
Arde Francia… otra vez.
Basilea.- La mayoría de mis colegas profesores son de Alsacia, la región francesa que colinda con Basilea. Muchos trabajan en Suiza porque los salarios son notablemente más altos, pero no solo por eso.
Veo en TF1 que arden liceos por todas partes: una mujer fue agredida con un spray abrasivo que le produjo quemaduras en la cara, queman autobuses, rompen y rompen, agreden y agreden, con reivindicaciones como escasez de profesores, infraestructura en mal estado, etc. Aunque en realidad es solo un pretexto más para destruir: la destrucción de los miserables.
Lo que no dicen y que me cuentan mis colegas es que los profesores ya no quieren trabajar por el altísimo nivel de irrespeto y agresividad de los alumnos, muchos de ellos parte de una migración salvaje, que ni respetan ni se adaptan, pero sí exigen…
Mi colega llegó a sentir miedo ante la amenaza apenas velada de un grupo de ellos que le repetía que no la respetaban porque era una mujer… que si no les daba una buena nota, ay… Eso y groserías, incluso insultos en una ocasión en que la llamaron «pétasse», o sea, puta…
Era de esperar que saliera corriendo de allí. Me contó también que rompían las ventanas y las puertas a patadas, que el baño estaba en condiciones tales que ella acabó yendo al baño de una cafetería cercana. ¡Ni un establo!
Y ahora esos vuelven a romperlo todo porque no hay profesores y las escuelas están en ruinas…
Yo veo a Francia morir día a día, con la complicidad del gobierno, con las mañas de los de siempre, los que dan palmaditas en el hombro a «les casseurs et la racaille» (los rompedores, los delincuentes). ¡Sin agallas para parar la destrucción de un país maravilloso, con miedo a decir la palabra que ofende a quien, por demás, no merece respeto!
Estoy tan cerca y, sin embargo, tan lejos. Es la guerra del otro lado de la frontera. Ojalá llegue alguien pronto y barra a Macron de un escobazo, o no quedará en pie ni la propia torre Eiffel.



















