
Díaz-Canel convoca reuniones ante una crisis del agua en La Habana que el régimen no logra resolver
Por Jorge Sotero
La Habana.- Miguel Díaz-Canel volvió a reunirse con funcionarios del sector hidráulico para analizar la crisis del agua en La Habana, una emergencia que continúa afectando la vida de miles de familias cubanas.
El gobernante pide esfuerzos, revisiones y nuevas estrategias, aunque los ciudadanos necesitan algo mucho más concreto: abrir el grifo y recibir agua. El problema es que, después de décadas de control estatal sobre los servicios esenciales, el régimen sigue recurriendo a reuniones para enfrentar dificultades que llevan años acumulándose. La población no puede vivir de orientaciones ni llenar los cubos con discursos oficiales.
En la sede de la Empresa de Aguas de La Habana, las autoridades examinaron el funcionamiento del sistema Nudo de Palatino y reconocieron que el municipio del Cotorro necesita equipos importantes para mejorar el suministro. Esa admisión deja al descubierto las carencias materiales que arrastra el sector.
La dictadura presume de planificación centralizada y dirección estatal, aunque ni siquiera consigue garantizar con estabilidad un servicio indispensable para la vida. Si los problemas son conocidos y las necesidades están identificadas, la pregunta es inevitable: ¿cuántas reuniones más hacen falta antes de que las soluciones lleguen a los barrios?
La Habana tampoco es un caso aislado. En Santiago de Cuba y otras zonas del país, el abastecimiento continúa condicionado por las deficiencias de las redes, las limitaciones de recursos y las interrupciones eléctricas que afectan el bombeo.
El Gobierno suele presentar cada visita de sus dirigentes y cada nuevo programa bajo un lenguaje de transformación y compromiso, sin ofrecer garantías de que las familias recibirán agua con regularidad. Al final, son los ciudadanos quienes cargan con las consecuencias: buscar camiones cisterna, almacenar agua en condiciones difíciles y reorganizar sus jornadas alrededor de un servicio que debería estar garantizado. La crisis no se resuelve con propaganda ni culpando de todos los males a factores externos; exige inversiones, mantenimiento y una gestión que responda ante la población.
Díaz-Canel propone recurrir a fuentes renovables y mejorar la eficiencia energética del sistema hidráulico. Son medidas que pueden contribuir a reducir determinadas afectaciones, aunque su anuncio no equivale a una solución inmediata.
La dictadura tiene la obligación de explicar qué recursos existen, qué obras se ejecutarán, cuáles son los plazos y quién responderá por los incumplimientos. Los cubanos llevan demasiado tiempo escuchando promesas en medio de una crisis económica que deteriora sus condiciones de vida.
La verdadera medida del éxito no estará en las reuniones celebradas ni en las declaraciones del mandatario, sino en que el agua llegue de forma estable a los hogares. Hasta entonces, cada convocatoria oficial será también un recordatorio de la distancia entre lo que el poder anuncia y lo que la población necesita.



















