
La Serie Nacional se convirtió en un meme
Por Anette Espinosa
La Habana.- La Serie Nacional de Béisbol de Cuba ya no sorprende a nadie. Matanzas no pudo jugar en San José de las Lajas por una razón que parece sacada de una película de Cantinflas: en el hotel donde se hospedaba el equipo no había agua ni para bañarse. El campeonato más importante del país detenido por falta de agua. Después quieren vendernos que el deporte cubano sigue siendo una potencia.
Por si faltaba algo para completar el circo, en Nueva Gerona apareció un paracaídas en pleno partido entre Isla de la Juventud y Pinar del Río. Imagínense la escena: los peloteros concentrados, el público mirando y, de pronto, un objeto bajando del cielo hacia el jardín central. A este paso, cualquier día aterriza una nave espacial en medio del terreno y alguien de la Federación dirá que todo forma parte del espectáculo.
El problema es que detrás de estas anécdotas hay una realidad mucho más triste. El béisbol cubano terminó hace rato. Los estadios se caen a pedazos, los atletas se marchan y la calidad de la pelota disminuye temporada tras temporada. Aquella época en que Cuba imponía respeto en cualquier torneo internacional parece pertenecer a un álbum viejo que nadie quiere volver a abrir.
Ahora salimos a competir y hasta Curazao nos puede mirar de frente. No es una ofensa contra nadie, es la demostración del abismo al que hemos llegado. La dictadura destruyó también el deporte nacional con sus dirigentes incapaces, sus discursos triunfalistas y esa costumbre de esconder la basura debajo de la alfombra hasta que el olor se vuelve insoportable.
Cuba se ha convertido en un meme en demasiados sentidos y la Serie Nacional es uno de los mejores ejemplos. Un equipo sin agua, un paracaídas cayendo en el jardín central y un béisbol sin rumbo. Después aparecerá algún dirigente a decir que la pelota vive un proceso de transformación. Sí, claro. Transformaron el deporte nacional en una comedia de mal gusto y todavía esperan que el pueblo aplauda.



















