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title: Las secuelas del marañón
date: 2026-10-13T13:31:20Z
modified: 2026-10-13T13:31:20Z
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excerpt: "Detrás del delicioso anacardo se esconde un peligro: su cáscara quema la piel. Descubre las secuelas en las manos de quienes lo trabajan."
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author: Redacción
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  - Curiosidades y Sociedad
  - ácido anacárdico
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  - condiciones de trabajo
  - cultivo de anacardos
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  - quemaduras químicas
  - riesgos laborales
  - salud laboral
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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Hay un fruto que millones de personas comen sin saber que su envoltorio es capaz de quemar la piel. El anacardo, también llamado marañón o nuez de la India, crece unido a un fruto carnoso y llega a las tiendas limpio, tostado, blanco, inofensivo. Pero antes de ese viaje hay una etapa que casi nadie ve: la apertura de la cáscara. Y en esa etapa, durante generaciones, han trabajado manos humanas expuestas a un líquido cáustico que contiene ácido anacárdico, cardol y otros compuestos fenólicos. El contacto con la piel provoca irritaciones intensas, dermatitis y lesiones semejantes a quemaduras químicas.

En 1988, un grupo de médicos de la India examinó las manos de 75 mujeres que trabajaban abriendo anacardos en el estado de Karnataka. Encontraron piel ennegrecida y endurecida, uñas deterioradas y dedos que habían perdido parte de sus relieves naturales. El daño no era accidental: era el resultado directo de manipular la cáscara sin protección adecuada. El estudio comparó a esas 75 trabajadoras con otras 29 dedicadas a retirar la fina película rojiza de las semillas. Estas últimas tenían las manos prácticamente normales, salvo algunas callosidades. La etapa del procesamiento determinaba el riesgo. No era el anacardo en sí: era la cáscara.

Décadas después, una investigación publicada en 2016 sobre 301 trabajadoras de fábricas de anacardos en Kerala encontró que el 46,6 % sufría dolores en manos y muñecas. Entre quienes realizaban tareas de tostado, el 86,6 % había experimentado alguna quemadura. Las cifras no son un detalle estadístico: son cuerpos. Son mujeres que pasan horas frente al vapor y el calor, retirando cubiertas que pueden dañarlas, muchas veces sin guantes, sin protección, sin alternativas. La mecanización existe. Los métodos de protección existen. Pero no siempre llegan.

## Problemas con el cultivo de anacardos

El problema también tiene una dimensión económica. Originario de Brasil, el anacardo llegó a la India durante el siglo XVI, transportado por los portugueses. Con el tiempo, su cultivo se extendió por regiones tropicales de África y Asia hasta convertirse en una mercancía internacional. En 2021, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo señaló que África producía más de la mitad de los anacardos del mundo, pero procesaba localmente menos del 15 %. Buena parte salía del continente todavía con cáscara, mientras otros países obtenían el valor añadido de su transformación. Es decir: el trabajo sucio, el que lesiona, se queda en un lugar; el beneficio, en otro.

A las condiciones laborales se suman otros problemas. En su lista de 2024, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos identificó evidencias de trabajo infantil relacionado con el cultivo de anacardos en Brasil, Guinea y Vietnam. Los niños también participan en una cadena que empieza en el árbol y termina en un supermercado. Y mientras tanto, las investigaciones médicas dejan constancia de algo que resulta imposible reconocer al observar una bolsa de anacardos: aquella superficie blanca y lisa tuvo alguna vez una cubierta capaz de dañar la piel. En las manos de algunas trabajadoras, las marcas de retirarla permanecieron mucho después de que las semillas fueran vendidas.

No hay que mirar muy lejos para encontrar la moraleja. Detrás de cada puñado de anacardos hay un proceso, y detrás de cada proceso hay personas. Algunas con guantes, con máquinas, con protección. Otras con las manos desnudas, abriendo cáscaras que queman, ganando lo justo para comer. El anacardo es un fruto delicioso. Pero su historia también es la historia de quienes lo abren. Y esas manos, aunque nadie las vea, llevan las marcas.

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