Al gobierno le preocupa el aula vacía; a las madres, el estómago vacío de sus hijos

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Madres de la comunidad de Guamuta, en El Cobre, denunciaron la víspera que están siendo amenazadas con multas por no enviar a sus hijos a la escuela, a pesar de que aseguran no tener alimentos en sus hogares para garantizarles siquiera una comida.

Según los testimonios recogidos, la situación económica, la escasez de productos y los elevados precios han colocado a estas familias en una situación límite. A ello se suman los prolongados apagones, que incluso les impiden cocinar los pocos alimentos que consiguen.

Las madres insisten en que no se trata de falta de voluntad para enviar a sus hijos a clases, sino de una realidad dramática. “¿Cómo puede una madre enviar a su niño a la escuela cuando ni siquiera tiene qué darle de comer antes de salir de casa?”, plantean.

Lo más preocupante, según las denunciantes, es que en lugar de recibir asistencia ante esta situación han sido advertidas de posibles sanciones económicas por las ausencias escolares de los menores.

En la foto, las madres que protestan en Santiago de Cuba
Protesta de madres en El Cobre, Santiago de Cuba, ante amenazas por no mandar a los hijos a la escuela sin comer

Solo les importan las apariencias

Hasta el momento no se ha podido confirmar qué autoridades estarían detrás de estas advertencias ni si existe algún programa de asistencia alimentaria destinado a las familias afectadas.

La educación es un derecho fundamental, pero la alimentación y la protección de la infancia también lo son. Detrás de cada ausencia escolar puede haber una familia que lucha a diario por sobrevivir. Las madres de Guamuta no piden privilegios: denuncian que no tienen comida para sus hijos y que, en medio del hambre y los apagones, también temen ser castigadas económicamente.

Y la situación deja en evidencia a un gobierno al que no le interesa si las personas, entre ellas los niños, se alimentan o no, porque solo les interesa que nadie proteste y dar la sensación de que todo está bien. Y para que parezca que todo está bien, hay que comenzar porque los niños vayan a la escuela, y lo hagan de uniforme para mostrar esa homogeneidad impuesta de la que han alardeado siempre.

Guamuta es solo un caso, un lugar, pero la situación se repite en todo el país, desde el cabo de San Antonio a la punta de Maisí.

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