La historia detrás de la foto (CIII)

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Por Oscar Durán

La Habana.- En la esquina de Prado y Neptuno, en pleno corazón de La Habana, la realidad acaba de montar una exposición que ningún funcionario del Ministerio de Turismo se atrevería a incluir en sus folletos promocionales.

Un enorme hueco lleno de agua, tuberías expuestas, escombros y basura recibe a quienes transitan por una de las zonas más emblemáticas de la capital. Esta es la otra Ciudad Maravilla, la que no aparece en los discursos de Miguel Díaz-Canel ni en las fotografías cuidadosamente seleccionadas para venderle al mundo una Cuba que solamente existe en la propaganda oficial.

La dictadura se pasa la vida promocionando hoteles, presumiendo de instalaciones turísticas y hablando de las maravillas arquitectónicas de La Habana. Hay que tener bastante descaro para vender una ciudad turística al mundo y permitir que sus calles luzcan semejante estado de abandono.

Allí no hay filtros, campañas publicitarias ni funcionarios explicando las bondades del modelo socialista. Hay una realidad demasiado evidente: un país destruido por décadas de abandono, incapacidad administrativa y prioridades gubernamentales que siempre parecen estar lejos de las necesidades de los ciudadanos.

Lo más indignante es que estamos hablando de Prado y Neptuno, una de las esquinas más conocidas de la capital cubana. No estamos ante un camino perdido en una comunidad rural ni ante una calle secundaria de algún municipio olvidado. Estamos en pleno centro de La Habana, a pocos pasos de establecimientos turísticos que el régimen utiliza para presumir de sus supuestos avances.

Allí tienen su postal perfecta: hoteles para recaudar divisas y calles que parecen escenarios de una película sobre el fin del mundo. La tubería rota y el agua estancada también forman parte de la experiencia turística, aunque seguramente no aparezcan en TripAdvisor.

Después salen los propagandistas a hablar de La Habana, Ciudad Maravilla, patrimonio de la humanidad y destino de millones de visitantes. ¡Qué maravilla de gestión! Una dictadura que no consigue mantener en condiciones las calles de su propia capital pretende convencer al planeta de que Cuba es un paraíso turístico.

El problema no es la falta de patrimonio, historia ni belleza arquitectónica. El problema tiene nombres y apellidos, y lleva décadas instalado en el poder. La Habana merece mucho más que esta vergüenza. Sus habitantes merecen una ciudad digna, no vivir entre escombros para que unos cuantos privilegiados sigan vendiendo una fantasía desde sus despachos.

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